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Lloren los recién nacidos

Cada año, cuatro millones de bebés mueren en sus primeras cuatro semanas de vida, más de 10.000 muertes al día. La mayoría de estas muertes neonatales no quedan registradas y permanecen invisibles para todos, excepto sus familias. Prácticamente todas (99%) ocurren en países de ingresos bajos y medios, pero la mayor parte de la investigación y del financiamiento se centra en atención de alta tecnología para el 1% de las muertes en los países ricos.

El mayor riesgo de muerte ocurre al comienzo de la vida: tres cuartos de todas las muertes neonatales (tres millones) suceden dentro de la primera semana después del nacimiento, y al menos un millón de bebés muere en su primer día de vida, muchos de ellos en casa y sin ningún tipo de atención médica formal. Más aún, casi el 40% de todas las muertes infantiles ocurre en el periodo neonatal, y dos tercios del total corresponden a África y el Sur de Asia.

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Lamentablemente, los programas de supervivencia infantil en el mundo en desarrollo se han centrado principalmente en la neumonía, la diarrea, la malaria y causas de muerte prevenibles con vacunas después del primer mes de vida, mientras que los programas de maternidad segura se han enfocado principalmente a la madre. La prevención de las muertes de recién nacidos se ha tenido que acomodar como ha podido entre los resquicios de programas que se centran en las madres y en niños de mayor edad.

Esto constituye una tragedia tan enorme como evitable. En una serie reciente de artículos sobre temas neonatales en la revista científica británica Lancet se estimó que entre el 41% y el 72% de las muertes neonatales se podrían haber prevenido si se hubiera aplicado intervenciones simples donde más se las necesitaba. En otras palabras, hasta tres millones de bebés mueren innecesariamente cada año.

Se trata de intervenciones bien conocidas, de bajo coste y de poco nivel tecnológico que no llegan a quienes más las necesitan; por ejemplo, inmunización contra el tétano, amamantamiento materno exclusivo, atención médica sencilla para bebés de bajo peso y antibióticos para tratar infecciones. Estas intervenciones son extremadamente eficaces si se considera su coste, y proporcionarlas como conjunto y vincularlas a otros programas de salud reduce aún más su coste.

Para salvar vidas se necesita que se pueda llegar a las madres y sus bebés en los países de mayor mortalidad y en el momento de más alto riesgo. En la actualidad, sólo la mitad de todas las mujeres a nivel mundial tienen un parto con la presencia de un asistente calificado. En el África subsahariana, menos del 40% de las mujeres dan nacimiento con una atención calificada; en el Sur de Asia, la cifra es menos del 30%. América Latina y el Sudeste de Asia han aumentado rápidamente la cobertura, pero al paso actual de avance en África, el 50% de las mujeres todavía tendrá sus partos sin atención calificada en el año 2015. En Etiopía, un cuarto de las mujeres embarazadas pertenecientes al grupo de ingresos más altos usa atención calificada en el momento del parto, en comparación con el 1% de las mujeres más pobres.

Los países de bajos ingresos han demostrado que es posible lograr un rápido avance en este tema. Sri Lanka, Indonesia, Perú y Botswana redujeron a la mitad la mortalidad neonatal durante los años 90. El éxito de estos países ha dependido de un compromiso político sostenido de alto nivel para brindar atención de alto nivel a las madres y sus recién nacidos.

En particular, es esencial un planeamiento integrado. En la India, la salud de los recién nacidos forma parte del Programa de Salud Reproductiva e Infantil. En Etiopía, la atención médica a los recién nacidos se está incorporando a un nuevo programa de atención comunitaria.

Por supuesto, no hay una solución única que dé respuesta a todos los casos. Las cifras y causas de las muertes neonatales, la capacidad del sistema de salud y los obstáculos que se deben enfrentar varían entre países y al interior de ellos, como ocurre también con el apoyo por parte de quienes diseñan las políticas y la disponibilidad de recursos.

Se estima que el coste adicional de mantener intervenciones de atención médica esenciales para los recién nacidos a un 90% de cobertura en los 75 países con la mayor mortalidad es apenas $4,1 mil millones al año. Esto complementaría el gasto actual de $2 mil millones, del cual sólo cerca de un 30% está destinado a intervenciones específicamente dirigidas a recién nacidos, mientras que la mayor parte es para intervenciones que también benefician a las madres y niños de mayor edad.

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Incluso en el caso de un sistema de atención de salud débil, es posible lograr una reducción de la mortalidad susceptible de ser medida. Sin embargo, el mundo debe actuar ahora para generar la voluntad política y los recursos financieros necesarios para salvar las vidas de hasta tres millones de bebés que mueren cada año simplemente por haber nacido sin la atención básica a la que tienen derecho.

De hecho, seguir fallándoles a los niños del mundo que se encuentran en riesgo de muerte es dar un veredicto de injustificable inhumanidad contra nosotros mismos, ya que somos actores conscientes de una destrucción masiva y completamente evitable de vidas humanas.