7

¿Encarcelar a los gigantes financieros?

CHICAGO – Casi todos los días se cierra un acuerdo entre un banco y una agencia gubernamental o un organismo de regulación estadounidense. El más reciente se dio entre el Bank of América (BoA) y la compañía hipotecaria respaldada por el gobierno, Fannie Mae: 3.55 mil millones de dólares en efectivo; 6.75 mil millones de dólares en recompra de hipotecas basura que posteriormente Countrywide, adquirida por BoA, vendió a Fannie; y 1.3 mil millones de dólares adicionales en efectivo para resolver los problemas de cobro de Fannie con BoA.

Y con todo, como pasa casi siempre en los acuerdos, BoA no admitió ninguna culpa. ¿Tuvo BoA  mala suerte o fue torpe? ¿O acaso esta y otras instituciones financieras actuaron con la intención de defraudar a los inversionistas?

Como consecuencia del acuerdo, nunca sabremos la verdad (al menos la versión comprobada más allá de una duda razonable en audiencia pública). Con cada acuerdo se suspenden las investigaciones y toda información recabada se clasifica.

Por suerte, investigaciones académicas pueden aclarar algo de este importante asunto. En un artículo reciente, los economistas, Tomasz Piskorski, Amit Seru, y James Witkin comparan las características de las hipotecas titulizadas, tal y como se divulgaron a los inversionistas en el momento de las ventas, con las características de dichos créditos según se registraron en las bases de datos propias de los bancos. Las bases incluyen las hipotecas no concedidas por agencias, que no son iguales que las que están abarcadas por el acuerdo, y los datos provienen de una serie de bancos, por lo que no se sabe que bancos están presentes. No obstante, los datos son lo suficientemente similares como para permitir que se sepa mucho sobre lo qué pasó.