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Los gobiernos ante el desafío de la autodisrupción

LAGUNA BEACH – Uno de los desafíos más difíciles que hoy enfrentan los gobiernos occidentales es liberar y canalizar las fuerzas transformadoras de la innovación tecnológica, con su potencial de autoempoderamiento para personas y empresas. Pero no lo lograrán a menos que se abran más a la destrucción creativa y permitan la renovación y actualización no solo de herramientas y procedimientos, sino también de modos de pensar. Cuanto más demoren en hacer frente a este desafío, mayores serán las oportunidades que se perderán las generaciones presente y futuras.

Hoy estamos rodeados de innovaciones tecnológicas autoempoderantes, que afectan a cada vez más personas, sectores y actividades en todo el mundo. Un número creciente de plataformas facilita más que nunca a hogares y corporaciones acceder a una gama cada vez más amplia de actividades y participar en ellas; desde el transporte urbano hasta el alojamiento, el entretenimiento y la producción mediática. Incluso las murallas reforzadas con regulaciones que tradicionalmente han protegido las finanzas y la medicina comienzan a derrumbarse.

Esta transformación histórica seguirá cobrando impulso conforme aumenten su escala y su alcance. Pero para obtener la plenitud de sus beneficios, es necesario que los gobiernos tomen medidas para empoderar a las fuerzas del cambio, asegurar la internalización de las enormes externalidades positivas y minimizar los efectos negativos. Por desgracia, para muchos gobiernos de países avanzados está siendo extremadamente difícil, en parte porque al no haber podido recuperarse plenamente de la crisis y recesión reciente, su credibilidad y su funcionamiento quedaron debilitados.

El surgimiento de partidos políticos no tradicionales antisistema a ambos lados del Atlántico está complicando aún más hasta los elementos más básicos de gobernanza económica, como la aprobación de un presupuesto activo en Estados Unidos. En este contexto, parece casi imposible tomar las medidas necesarias para renovar los sistemas económicos (incluidas las infraestructuras en Estados Unidos y la unión incompleta en Europa) o para hacer frente a desafíos históricos como la crisis de los refugiados.