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Cuna de contradicciones

La invasión del Iraq, encabezada por los Estados Unidos, debía iniciar un proceso de transformación en todo el Oriente Medio. El poeta y analista político sirio Ammar Abdulhamid señala que ahora está habiendo en Siria un deshielo: si no se trata de un cambio, tal vez sea su precursor.

La vida en Siria nunca ha sido sencilla. Las realidades, meticulosamente ocultas bajo una capa de homogeneidad, siempre han sido demasiado complejas incluso para los estudiosos más perspicaces. La coexistencia pacífica entre la miríada de grupos étnicos, religiosos y tribales del país es el resultado de una compleja capa de concesiones, transacciones, acuerdos tácitos y otros arreglos pragmáticos perfeccionados a lo largo de los siglos.

En los últimos meses, la vida se ha vuelto aún más compleja, pues tanto la minoría gobernante como los partidarios de la sociedad civil parecen más perplejos que nunca sobre el futuro de su país. Cada uno de los grupos está centrado en la determinación de sus privilegios particulares sin por ello dejar de preservar la integridad territorial y la unidad nacional de un país, que resulta cada vez más delicada y frágil.

Naturalmente, esa evolución ha seguido a la invasión, encabezada por los Estados Unidos, del Iraq, que convirtió una amenaza vaga y distante en un vecino imponente cuyas intenciones para con el régimen baasista de Siria son cualquier cosa menos amistosas. En consecuencia, ha empezado a hacerse sentir por fin la necesidad de un cambio espectacular en la estructura y el estilo de un régimen alejado de la realidad.