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Evitemos un desastre educativo a escala mundial

LONDRES – «Lo hermoso de aprender algo», escribió alguna vez el gran guitarrista de blues B.B. King, «es que nadie puede quitártelo». King nació y creció en la pobreza, y entendía el valor de la educación como fuerza de cambio. Ojalá los líderes políticos que responden a la pandemia de la COVID-19 tengan al menos una pizca de su claridad.

La COVID-19 está mutando en emergencia educativa mundial: millones de niños, especialmente los más pobres y las niñas pequeñas, enfrentan la pérdida de las oportunidades de aprendizaje que podrían transformar sus vidas. Debido a que la educación está tan fuertemente vinculada con la prosperidad, la creación de empleos y una mejor salud en el futuro, un revés a esta escala afectaría el desarrollo de los países y reforzaría desigualdades que ya son extremas. Sin embargo, esta emergencia aún no está plasmada en la agenda de respuesta a la pandemia.

Los confinamientos dejaron a más de mil millones de niños sin ir a la escuela. Según las estimaciones, para 500 millones eso implica que no recibirán educación alguna. Una encuesta de Save the Children en la India detectó que la educación de dos tercios de los niños se detuvo completamente durante los confinamientos. El peligro es ahora que la pérdida de clases, la mayor pobreza infantil y los profundos recortes presupuestarios creen una tormenta perfecta que llevaría a retrocesos educativos sin precedentes.

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