gwagner3_Dave RowlandGetty Images_jacindaarderncoronavirus Dave Rowland/Getty Images

El crecimiento exponencial puede matarnos o hacernos más fuertes

NUEVA YORK – Un buen modo de pensar la pandemia de coronavirus es verla como el cambio climático a mucha más velocidad. Lo que al clima le lleva décadas o siglos, a una enfermedad contagiosa le lleva días o semanas. Esa velocidad es un llamado de atención que ofrece enseñanzas respecto de cómo pensar los riesgos en un mundo interconectado.

Tanto con el cambio climático como con la COVID‑19, el problema real no son las cifras absolutas (la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero o de infecciones) sino el ritmo (tasa) de cambio. Ya bastante malo es que el promedio mundial de temperaturas haya aumentado 1 °C (casi 2 °F) por encima de los niveles preindustriales. Pero un calentamiento de dos, tres o muchos más grados sería mucho peor.

También en las pandemias, incluso una pequeña diferencia en la trayectoria de crecimiento tendrá grandes consecuencias más adelante. Las infecciones por coronavirus vienen creciendo a un ritmo aproximado del 33% diario en la mayoría de los países europeos (en Estados Unidos la cifra es apenas un poco menor, tal vez por una relativa falta de detección). A ese ritmo, una decena de casos hoy se convierte en 500 en dos semanas y en 20 000 dos semanas después de eso.

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