velasco104_Luis GutierrezGetty Images_amlomexico Luis Gutierrez/Getty Images

La pandemia de los populistas

LONDRES – El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió que inyectar con desinfectante de uso doméstico a los enfermos de coronavirus podría curarlos. El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ordenó a la policía y a los militares matar a tiros a “quien creara problemas” durante la cuarentena. Y en México, el presidente Andrés Manuel López Obrador negó durante semanas que el virus fuera un peligro y continuó abrazando y estrechándoles la mano a sus simpatizantes, solo para dar un súbito giro e imponer un estricto encierro sin el menor aviso.

Dado que los líderes populistas tanto de la derecha como de la izquierda han ocupado los primeros puestos en el ránking de la incompetencia durante la pandemia, se ha vuelto común afirmar que pronto ellos pasarán a ser sus víctimas políticas. Desgraciadamente, puede que esto sea solo una ilusión. El virus es letal e implacable, pero por sí solo no aplanará la curva del contagio populista.

La crisis ha tenido un subproducto saludable: restaurar un mínimo de respeto por los conocimientos especializados. Luego de haber convertido el menosprecio de los expertos en el distintivo de sus carreras políticas, tanto Trump como el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, se han visto obligados a realizar conferencias de prensa junto con sus asesores científicos, quienes han contradicho abiertamente a sus jefes cuando ha sido necesario. Aún peor, Trump ha tenido que soportar la indignidad de un sondeo que revela que el índice de aprobación de Anthony Fauci, el máximo experto de su gobierno en enfermedades contagiosas, es casi el doble del suyo.

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