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El uso de datos para encontrar un terreno medio

PORT AU PRINCE – Una triste realidad de esta era hiperpartidista y politizada es que muchas propuestas políticas se califican inmediatamente como "izquierdistas" o "derechistas", y sus partidarios las alaban y ridiculizan con poco margen para discutir sobre su solidez o su impacto. Pero existe una alternativa que podría ayudarnos a superar esta división política: el uso de datos como ayuda para centrarnos en las políticas y las inversiones que puedan tener el mayor impacto positivo en la sociedad.

Puede sonar a experimento idealista pensado en una torre de marfil, pero las políticas basadas en datos están teniendo un impacto real en varios países.

En Bangladesh, el gobierno explora oficialmente medidas que los economistas independientes de allí y de todo el mundo concluyeron que harían más para aumentar la prosperidad y el bienestar. Y en Haití, los expertos locales e internacionales están estudiando decenas de ideas de políticas en la misma dirección.

En ambos países, la metodología bien establecida del análisis de costes-beneficios se está aplicando a intervenciones tan variadas como medidas de lucha contra la pobreza, aranceles agrícolas, vacunación infantil, reformas de asistencia legal, soluciones de gobierno electrónico y reconstrucción de las fuerzas armadas.

El análisis de coste-beneficio suena superficialmente frío o incluso cruel. Reduce una política compleja a un conjunto de severas cifras: si invertimos un dólar extra (o euro, taka, gourde o peso), obtendremos un retorno x veces mayor.

Esta simplicidad oculta un complejo cálculo numérico realizado por expertos. Considérese una inversión estudiada en el proyecto Haïti Priorise: la agrosilvicultura, que ayuda a los agricultores a cultivar árboles entre los cultivos y pastizales.

Ciertamente, hay beneficios económicos: los agricultores reciben ingresos adicionales por la venta de hojas, semillas y madera. También hay retornos sociales en forma de tasas más bajas de desnutrición, porque los cultivos adicionales generan más valor nutricional de lo que se cultiva en la actualidad. También hay importantes beneficios ambientales, como la reducción del CO₂, un mejor flujo de agua para reducir las inundaciones y el impulso a los procesos de polinización natural.

El análisis de costes-beneficios lo incluye todo: beneficios económicos, beneficios sociales para el país y beneficios ambientales (y quizás costes) para el mundo. Como resultado, se trata de un enfoque que abarca todo el espectro político.

Un análisis de costes-beneficios de los objetivos de desarrollo de las Naciones Unidas es bastante ilustrativo. Por un lado, determinó que un comercio más libre sería una de las mejores políticas de desarrollo, sacando a 160 millones de personas de la pobreza y haciendo que cada persona del mundo en desarrollo fuera 1000 dólares más rica, en promedio. Aunque la presidencia de Trump no lo favorece, el libre comercio es un elemento básico de la derecha. Pero al establecer sus beneficios para los menos privilegiados del mundo, el estudio también da razones para que la izquierda reconsidere su oposición a él.

Por el contrario, otra prioridad de desarrollo que se recomienda mucho, un mejor acceso a la anticoncepción y la planificación familiar, tiene un sólido apoyo por la izquierda y a menudo la derecha se le opone. Los puntos de la investigación apuntan no sólo a la reducción de la mortalidad materna e infantil, sino también a los beneficios económicos, tal vez dando a la derecha más razones para reconsiderarla.

Por lo general, los gobiernos no realizan análisis de costes-beneficios excepto de maneras limitadas, examinando una política a la vez. Es un enfoque disperso que impide su comparación. En su lugar, a menudo se gasta el dinero de los contribuyentes en los temas que reciban la mayor atención de los medios o tengan las partes interesadas más comprometidas.

El análisis de costes-beneficios no debe ser el único tema que contribuya a la toma de decisiones de un gobierno. Pero para países como Bangladesh y Haití, proporciona una inyección vital e independiente de datos sobre los que tomar decisiones sólidas.

En Bangladesh, la investigación y un panel de expertos (incluyendo un ganador del Premio Nobel y especialistas en desarrollo bangladeshí) identificaron tres grandes prioridades: soluciones de gobierno electrónico, mejor respuesta a la tuberculosis y nutrición infantil. Este trabajo también está alimentando el Plan Nacional de Acción de Nutrición, así como las políticas de un "Bangladesh Digital". El propio grupo de expertos del gobierno de Bangladesh está ayudando a difundir la información sobre las mejores soluciones a los ministerios y entidades gubernamentales.

En Haití, los investigadores todavía están en el proceso, pero los primeros resultados son prometedores. Un sorprendente estudio examina las muertes prevenibles por trauma y enfermedad. Otros investigadores del proyecto exploran los muchos desafíos para el sistema de salud, pero una respuesta podría ser más ambulancias. Solo llegan ambulancias gratuitas al 2% de los accidentes y emergencias, pues únicamente hay 100 unidades para una población de diez millones.

R. Christina Daurisca, economista del Ministerio de Salud Pública y Población de Haití, encontró que podrían salvarse cerca de 4000 vidas al año si se creara una red nacional de ambulancias. Pero esto viene con un alto precio anual de alrededor de 33 millones de dólares, más del 1% del presupuesto nacional de Haití. Cada dólar gastado creará casi tres dólares de beneficio social: una inversión sólida, si bien no sobresaliente.

En el corto plazo, una opción más modesta podría hacer rendir mucho más cada dólar que se gaste. La capacitación de maestros y líderes comunitarios en todo el país para que actúen como paramédicos y encargados de primeros auxilios tendría un costo único de $1,1 millones, pero salvaría alrededor de 700 vidas cada año. Cada dólar produciría $16 de bien social, ayudando mucho más al país.

Los estudios en Haití, Bangladesh y, en breve, dos estados de la India nos ayudan a responder a la pregunta: "De tener recursos adicionales, ¿dónde harán el mayor bien primero?" Creo que es un enfoque que debería dar forma al discurso político de cada país.

Con respuestas que, por fuerza, agradarán y molestarán a las personas de ambos lados de la brecha política, prestar más atención al análisis imparcial de los costes y beneficios podría ser una forma de encontrar las políticas más sensatas sobre las que todos podemos estar de acuerdo.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen