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Corrupción asesina

Washington DC – La COVID-19 es una bomba de tiempo en África. Algunos de sus riesgos han sido ampliamente documentados: los sistemas de atención sanitaria son endebles y están sobrecargados; diez países africanos, según consta, no tienen ni siquiera un solo respirador. La provisión de alimentos es inestable y ya sufrió interrupciones importantes, y más de 18 millones de personas son refugiados o desplazados internos, lo que las pone en situación de especial vulnerabilidad. Pero no se está teniendo en cuenta otro gran obstáculo a la respuesta eficaz ante la COVID-19: la corrupción generalizada.

La comunidad internacional ofreció su ayuda al África para combatir la pandemia. El Fondo Monetario Internacional suspendió los pagos por la deuda de 25 países (en su mayoría, africanos) durante los próximos seis meses. El grupo del Banco Mundial está poniendo a disposición un paquete que puede llegar a los 12 000 millones de USD de ayuda inmediata para asistir a los países en vías de desarrollo a superar el brote. Se asignarán miles de millones de dólares de asistencia para África.

Sin embargo, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, hasta un 25 % del financiamiento mundial destinado a compras se pierde por la corrupción. Esas pérdidas predominan en muchos países africanos, donde los funcionarios gubernamentales de alto rango y sus colaboradores internacionales han usado las políticas públicas y los recursos del Estado para enriquecerse.

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