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La corrupción: El enemigo interno

TBILISI, GEORGIA: La corrupción es un tumor maligno que sólo se puede erradicar con dolor. Está tan extendida en mi país que casi todas las iniciativas de Estado parecen estar manchadas por ella, con el resultado de que mucha gente considera altamente sospechosa la puesta en marcha de algunos programas gubernamentales. Los niveles desmesurados de corrupción dañan no sólo la autoridad del gobierno al interior, sino la posición misma de Georgia como un estado independiente, al exterior. Para mantener esa independencia y para cumplir con nuestras prioridades de política interna y exterior, suprimir la corrupción en mi país debe ser la tarea más urgente.

Durante ocho años he gobernado como presidente a una Georgia independiente. Poner fin a la guerra civil que brotó casi al mismo tiempo en que se dio la independencia de Georgia y detener los conflictos sangrientos y los intentos de secesión que la siguieron, me obligaron, en ocasiones, a ceder en algunos asuntos a fin de rescatar valores más importantes, como la propia vida del país. De hecho, los ocho años de mi presidencia los he dedicado a transformar el enfermo estado georgiano de los primeros años de independencia, en uno sano. Hubo que tomar decisiones difíciles acerca de qué problemas tenían que resolverse primero y cuáles podrían abordarse después. Ahora, ya que se ha restaurado la paz interna, tengo que afirmar que no hay nada más importante para Georgia que el combate contra la corrupción.

La decisión se hace más necesaria porque, por fin, la economía del país está creciendo de nuevo. En la primera mitad de este año, el PNB aumentó 5% y la producción industrial 11%. Las exportaciones se están incrementando, al igual que el ingreso neto. Ahora que el pánico financiero ha pasado, se están cubriendo salarios no pagados, pensiones y otras obligaciones básicas del Estado. Sin embargo, el éxito y la estabilidad serán pasajeros si la corrupción sigue, como ácido corrosivo, devorando la economía y el Estado.

Hasta ahora no hemos estado completamente inactivos tratando de cerrar “los espacios para la corrupción” en nuestra economía y en nuestra política. Ya se ha creado una legislatura electa y en funciones, lo cual es muy importante, ya que la supervisión democrática es el guardián más confiable contra la corrupción. Los nuevos códigos penales, civiles y administrativos, que reflejan la realidad actual de Georgia, basada en la democracia y el libre mercado, han reemplazado a las viejas normas leninistas, que eran una invitación abierta para las prácticas corruptas. Los tribunales, incluyendo a la Suprema Corte, cuentan ya con su propia base institucional anclada en la ley.