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La amenaza imaginaria del cortoplacismo

CAMBRIDGE –La idea de que los mercados financieros están demasiado centrados en el corto plazo está ganando terreno en los medios de comunicación y en el mundo académico y ahora está atrayendo la atención política en los Estados Unidos.

Según la nueva doctrina establecida, la obsesión de los inversores con los réditos a corto plazo obliga a los consejos de dirección y de gestión empresariales a intentar conseguir beneficios trimestrales impresionantes a expensas de inversiones importantes a largo plazo. La investigación y la innovación padecen las consecuencias, como también la inversión en instalaciones y equipo a largo plazo. De forma similar, el pensamiento a corto plazo mueve a las grandes empresas a rescatar sus acciones, con lo que las privan de la liquidez que necesitan para inversiones futuras.

Nada de eso es bueno para la economía... o, al menos, no lo sería, si fuera real. En un examen más detenido, las supuestas consecuencias negativas del cortoplacismo de los inversores parecen no estar ocurriendo.

Mientras que los inversores institucionales venden acciones periódicamente y a veces rápidamente, las empresas financieras, como Fidelity Investments, Vanguard y otros fondos mutuos han mantenido durante decenios períodos de tenencia de las acciones de entre doce y quince meses. Además, si bien se ha atribuido mucha importancia a un nuevo sector marginal de agentes bursátiles que compran y venden las acciones en nanosegundos mediante programas informáticos, la creencia de que esas rápidas transacciones basadas en las computadoras imposibilitan –o incluso dificultan– la adopción por parte de los gestores empresariales de una perspectiva a largo plazo no está refrendada por los datos.