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Hacia los Juegos Olímpicos de Tokio 2021

DUBLÍN – En momentos en que la crisis global del COVID-19 se acelera grandes áreas del planeta, el Primer Ministro japonés Shinzo Abe ha tenido que aceptar la dura verdad y, con sensatez, ha tomado esta semana la iniciativa de decir a la Dieta (parlamento) que es probable que haya que reprogramar los Juegos Olímpicos de Verano, que se realizarán en Tokio. Finalmente llegó a un acuerdo con el Comité Olímpico Internacional (COI) para posponer el evento hasta 2021. (EL COI se había planteado cuatro semanas para decidir qué hacer).

Hasta hace poco, era comprensible la reticencia de Abe a retrasar los Juegos. Por largo tiempo, los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2020 se han visto como una oportunidad para que Japón demuestre al mundo lo bien que se ha recuperado de la devastación del terremoto, el tsunami y el desastre nuclear de 2011, y exhibir su diversidad y apertura a los extranjeros, que suelen tener una actitud de escepticismo. Posponer o cancelar los Juegos sería una gran y muy costosa decisión.

Sin embargo, ese cálculo previo ha cambiado. El problema no es la falta de preparación por parte de Japón. Tras cerrar todas las escuelas el 2 de marzo, el gobierno ya está debatiendo planes para reabrirlas en abril para el nuevo año académico: las universidades tienen planes similares. Si bien hay un acalorado debate sobre la sabiduría de reabrir estas instalaciones, la verdad de los hechos es que el país tenía solo 1140 casos confirmados de COVID-19 y 42 fallecidos por la enfermedad al 24 de marzo. En comparación con otros países de gran tamaño y gran densidad de población, Japón ha tenido bastante éxito en la contención de la pandemia.

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