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La política fascista de la pandemia

NUEVA YORK/NEW HAVEN – En marcado contraste con el eficaz liderazgo mostrado por la canciller alemana Angela Merkel, el presidente surcoreano Moon Jae-in y la tecnocracia autocrática de Singapur, en todo el mundo los nacionalistas de ultraderecha han respondido a la crisis de la COVID‑19 con algo que no se había visto en décadas: la política fascista de la enfermedad. Y el mejor ejemplo es el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

Es verdad que otros pocos líderes mundiales (entre ellos el presidente nicaragüense Daniel Ortega y los dictadores de Bielorrusia, Turkmenistán y Corea del Norte) siguen negando que el coronavirus suponga algún riesgo. Pero entre los negacionistas del coronavirus, Bolsonaro es un caso aparte.

Por ejemplo, hace poco despidió al ministro de salud de Brasil, Luiz Mandetta, sólo porque defendió aplicar medidas de distanciamiento social moderado. En esto, Bolsonaro parece émulo de su par estadounidense, Donald Trump, que hace poco despidió a un veterano funcionario del área de salud por resistirse a sus intentos de promover un tratamiento no probado para la COVID‑19.

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