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De regreso al socialismo

LONDRES – Lo notable de Jeremy Corbyn, el izquierdista que sorprendió a las clases dirigentes británicas al lograr la mayoría de los votos del Partido Laborista, no es su supuesta falta de patriotismo. Que quiera o no cantar Dios Salve a la Reina en eventos públicos parece un asunto más bien trivial. Lo notable de su tipo de izquierdismo es lo reaccionario que es.

Corbyn es un socialista a la antigua, de esos que desearían desplumar a los ricos y restatizar el transporte y los servicios públicos. Su retórica sobre la lucha de clases sugiere un quiebre completo con la socialdemocracia tradicional.

La socialdemocracia europea de posguerra siempre fue un juego de concesiones al capitalismo. Especialmente en Inglaterra, la ideología de izquierda debió más a ciertas tradiciones morales cristianas (“más metodismo que Marx”) que a ningún dogma político. Líderes laboristas como Clement Attlee,  primer ministro inicial tras la Segunda Guerra Mundial, no se oponían a la economía de mercado, sino que querían regularla para que beneficiara mejor los intereses de la clase trabajadora.

Durante la Guerra Fría, la socialdemocracia fue la respuesta igualitaria de Europa Occidental al comunismo. Attlee, de hecho, era un enconado anticomunista.