Una nueva oportunidad para la gobernanza global

MADRID – El acuerdo de último minuto alcanzado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP24) en Katowice (Polonia) abre un resquicio de esperanza para el futuro no sólo de la acción climática, sino también de la gobernanza global. Tras un año en que frente a los desafíos compartidos la dirigencia internacional retrocedió una y otra vez a políticas fallidas del pasado, la COP24 mostró que todavía puede haber margen para el uso de instrumentos innovadores en la respuesta a esas amenazas comunes. Para navegar la era actual de turbulencia global, el mundo necesita ideas novedosas: la vuelta al pasado no servirá de nada a la comunidad internacional.

Pero falta en general voluntad política para dar pasos audaces, una renuencia a la que contribuye la agitación interna (por ejemplo, las protestas de los “chalecos amarillos” en Francia). Además, la dirigencia actual está carente de ideas. En un contexto de una dinámica del poder global movediza, de legitimidad política reducida y de disrupción tecnológica, es más difícil que nunca elaborar soluciones prometedoras. Mientras eso no cambie, no habrá modo de salir del actual ciclo de disfunción e inseguridad.

Hace un par de años, pareció que el mundo se ponía a la altura del desafío, con la adopción en una variedad de áreas de modelos de gobernanza innovadores y basados en gran medida en mecanismos blandos o no vinculantes, más que en reglas estrictas como en el pasado. Algunos de estos modelos incorporaron a actores no estatales. Pero hoy todos están en terapia intensiva, y han sido desplazados por políticas tradicionales que ya resultaron ineficaces en el pasado.

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