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Convictos de exportación

NUEVA DELHI – China ha dado con una novedosa estrategia para aliviar la presión de sus sobrepobladas prisiones: emplear a convictos como trabajadores en proyectos que lleva a cabo en países en desarrollo. Esta práctica ha expuesto otra faceta del triste historial de derechos humanos de China, que, cuando se trata de las operaciones en el exterior de sus compañías, incluye el fracaso del gobierno en la aplicación de sus propias regulaciones.

Cada año, China ejecuta casi tres veces la cantidad de gente que se ejecuta en el resto del mundo. Amnistía Internacional ha estimado que, en 2007, China ejecutó en secreto un promedio de "cerca de 22 prisioneros por día".

Además de ser el país donde más se ejecuta, China tiene una de las mayores poblaciones carcelarias. La "Lista de poblaciones penales del mundo" de 2009, compilada por el Centro Internacional de Estudios Carcelarios, cifró en 1,57 millones la cantidad total de reclusos en cárceles chinas, más que la población de Estonia, Guinea-Bissau, Mauricio, Suazilandia, Trinidad y Tobago, Fiyi o Qatar.

El envío forzoso de prisioneros a trabajar en proyectos de infraestructura en el extranjero plantea nuevos problemas en torno a la actitud histórica de China frente a los derechos humanos. También añade un nuevo elemento -el "dumping" de convictos- a su política comercial y de inversiones, que ha sido muy criticada por hacer dumping de productos.