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Política constitucional

Un cínico podría tener la tentación de decir que cuando a los políticos se les acaban las ideas, se poner a hacer o a modificar una constitución. Pongamos por caso la Unión Europea. Su último gran proyecto fue el mercado único como lo concibiera Jacques Delors, el entonces Presidente de la Comisión Europea. Ese proyecto aún no se ha completado, pero las piezas faltantes son la continuación de un proceso, no una nueva idea.

Desde entonces, la UE ha intentado un poco de esto y un poco de aquéllo: algo de política económica común en torno a la introducción del Euro, algo de política exterior común en torno a la guerra de Irak. Nada de esto ha tenido mucho éxito. De hecho, ninguna de estas causas tiene un impulsor de la estatura de Delors.

De modo que la UE se volcó a la tarea de hacer una constitución. Creó una Convención, que produjo un borrador de tratado, y pronto una Conferencia Intergubernamental intentará llevar el proyecto a su término.

Al Canciller de Alemania, Gerhard Schröder, la idea le gustó tanto que ahora está pensando en armar su propia convención para revisar las disposiciones constitucionales de Alemania. Su objetivo, acordado con los otros partidos principales, es la precaria relación entre la autoridad federal (que tiene el poder de desembolsar dinero) y los estados federales (Länder) y gobiernos locales. Quizás el Canciller alemán espera que a la sombra de una Convención de todos los partidos pueda deslizar silenciosamente algunas "reformas" que en realidad son, en su mayor parte, cortes al gasto público y a los servicios sociales.