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Conectar las soluciones

WASHINGTON, DC – No es necesario recordarle al mundo la urgencia de este momento histórico. Lo percibimos diariamente en las noticias. Un día, algún gran banco, compañía de seguros o fabricante de autos anuncia pérdidas sin precedentes. Al siguiente, llegan informes del impacto sobre las naciones y pueblos menos aptos para soportar estos golpes – los más pobres de los pobres del mundo.

Durante los dos últimos años me he enfrentado a muchas crisis, desde Darfur y la República Democrática del Congo, hasta los grandes retos globales como la crisis alimentaria y el cambio climático. Pero la crisis financiera es única y potencialmente abrumadora.

Lo que era una crisis exclusivamente financiera se ha convertido en una crisis económica que se ha extendido por todo el mundo. Todos los pronósticos de crecimiento se han ajustado a la baja. Y aunque hay signos de que las economías maduras se están recuperando del pánico que congeló los mercados crediticios, de ninguna manera hemos salido de la zona de peligro.

Mi mayor preocupación actual es que la crisis financiera de hoy se convierta en la crisis humanitaria de mañana. Si queremos proteger los medios de vida y las esperanzas para el futuro de millones de personas, debemos reconocer lo que Martin Luther King, Jr. llamó “la feroz urgencia del momento”.