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Confrontar la geopolítica del cambio climático

NUEVA DELHI – Este año se reanudarán las negociaciones internacionales sobre el cambio climático. Para que sean exitosas, deben prestar atención a las lecciones que arrojó la cumbre de Copenhague de diciembre del año pasado.

La primera lección es que el cambio climático es una cuestión que no sólo tiene que ver con la ciencia, sino también con la geopolítica. La expectativa de que en Copenhague la investigación científica fuera a imponerse a la geopolítica resultó engañosa. Sin una mejor estrategia geopolítica, no se puede librar una lucha efectiva contra el cambio climático.

La segunda lección que impartió Copenhague es que para lograr un acuerdo internacional vinculante, primero debe existir un acuerdo entre Estados Unidos y China. Estos dos países son muy diferentes en muchos sentidos, pero no en sus perfiles de carbono: cada uno responde por entre el 22% y el 24% de todos los gases de tipo invernadero generados por el hombre en el mundo. Si las dos naciones más contaminantes del mundo -que en conjunto son responsables de más del 46% de todas las emisiones de gases de tipo invernadero- pueden llegar a un acuerdo, sería más fácil alcanzar un pacto internacional sobre el cambio climático.

En Copenhague, China inteligentemente eludió la presión al ocultarse detrás de países pequeños y pobres y forjar una alianza negociadora, conocida como el bloque BASIC, con otros tres países en desarrollo importantes -India, Brasil y Sudáfrica-. El bloque BASIC, sin embargo, está fundado en el oportunismo político y, en consecuencia, es improbable que se mantenga unido por mucho tiempo. Los perfiles de carbono de Brasil, India, Sudáfrica y China son totalmente incongruentes. Por ejemplo, las emisiones de carbono per cápita de China son más de cuatro veces superiores a las de India.