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Confesiones de un desregulador financiero

BERKELEY - A fines de los 90, al menos en los Estados Unidos, dos escuelas de pensamiento buscaron impulsar una mayor desregulación financiera, es decir, eliminar la separación legal entre banca de inversión y banca comercial, relajar los requisitos de capital para los bancos y fomentar la creación y el uso más proactivos de instrumentos derivados. Si la desregulación parece tan mala idea ahora, ¿por qué no lo fue entonces?

La primera escuela de pensamiento, en términos generales correspondiente al Partido Republicano de los Estados Unidos, sostenía que la regulación financiera era mala, porque toda regulación lo era. La segunda, en términos generales la del Partido Demócrata, era algo más compleja y se basaba en cuatro observaciones:

·        En el núcleo industrial de la economía global, al menos, habían transcurrido para entonces más de 60 años desde que una perturbación financiera hubiese tenido más que un impacto menor sobre los niveles globales de producción y empleo. Si bien los bancos centrales modernos habían tenido dificultades para hacer frente a los shocks inflacionarios, habían pasado generaciones desde que la aparición de un shock deflacionario que no se hubiera podido manejar.

·        Los beneficios de la oligarquía de la banca de inversión (el puñado de bancos de inversión globales, como Goldman Sachs, Morgan Stanley y JP Morgan Chase, entre otros) fueron muy superiores a lo que cualquier mercado competitivo debería generar, gracias al mucho dinero a su disposición y a su capacidad de maniobra por entre frondosos laberintos normativos.