Enfrentando la historia

El 9 de mayo será la madre de todas las celebraciones en Moscú. Se conmemorará la victoria sobre la Alemania Nazi, hace 60 años, y se rendirá honores a los sacrificios humanos que la hicieron posible. Hasta allí, todo bien. Sin embargo, algunas naciones faltarán a la fiesta. Dos presidentes bálticos han decidido quedarse en casa, ya que sus anfitriones no tienen la voluntad de conceder que hay más que contar sobre la historia del fin de la Segunda Guerra Mundial que la victoria sobre Hitler. Sus pueblos tuvieron que sufrir medio siglo de ocupación debido a un acuerdo alcanzado antes del inicio de la guerra por Hitler y Stalin, el así llamado Pacto Molotov-Ribbentrop de 1939, que dividió a Europa del Este entre la Alemania Nazi y la Unión Soviética.

Tengo que admirar a la tercera presidente báltica, Vaira Vike-Freiberga de Letonia, quien decidió ir a Moscú, rendir honores cuando son merecidos, y hablar fuerte y claro acerca de lo que no se debe ocultar. Al hacerlo, demuestra la sólida posición que ha logrado su país como miembro de la OTAN y la UE, y ella será quien marque la vara alta en cuanto a autoridad moral.

Es una lástima el que los líderes rusos actuales hayan optado por no condenar el Pacto Molotov-Ribbentrop, que perjudicó el desarrollo de toda la región del Mar Báltico por tantos años, y todavía es una fuente de contaminación política que amenaza con envenenar las relaciones entre los vecinos de esa zona. Me resulta difícil aceptar a quienes tienden a describir el Pacto Molotov-Ribbentrop sólo como una medida para fortalecer la seguridad nacional soviética.

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