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¿Cien años de tranquilidad?

SANTIAGO – Cien Años de Soledad, la gran novela de Gabriel García Márquez, se inicia cuando un coronel, quien "promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos", enfrenta un pelotón de fusilamiento. El hecho sucede en la ficticia ciudad de Macondo, pero esto engaña a pocos lectores: la novela se trata de Colombia, país de origen de García Márquez.

La semana pasada, la guerra civil en Colombia – el último conflicto armado que restaba en América Latina – llegó formalmente a su fin. Con más de cincuenta años de duración, cobró veinticinco millones de vidas y desplazó a seis millones de personas. Parece difícil de creer, pero la paz ha retornado al fin.

Los pesimistas destacarán que todavía quedan muchos detalles por resolver, que los guerrilleros aún no entregan sus armas y que falta firmar el acuerdo final de paz. De todos modos, el apretón de manos que se dieron en La Habana el presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño Echeverri (el cabecilla de los guerrilleros, conocido por su nombre de guerra Timochenko) marca el fin de una era trágica y el comienzo de una mucho más prometedora.

A partir de la década de 1960, América Latina comenzó a sufrir de un caso grave de lo que Lenin llamó "El comunismo de izquierda: un trastorno infantil". Vestirse de verde oliva y refugiarse en las montañas pasó a ser la cura para todas las enfermedades sociales. Movimientos guerrilleros nacieron y crecieron, con frecuencia solo para dividirse y dar origen a otros. En muchos lugares, especialmente en Centroamérica, la insurgencia violenta se volvió endémica.