9

La quimera del cortoplacismo del mercado bursátil

CAMBRIDGE – Un estribillo que se oye muy seguido, y que es cada vez más frecuente en la política estadounidense, es que el sector corporativo de Estados Unidos está excesivamente influenciado por consideraciones del mercado bursátil de corto plazo. Mientras que la elección presidencial norteamericana no está particularmente centrada en las políticas hoy en día, la campaña pronto terminará y, en ese momento, habrá gente que gobernará y políticas que se adoptarán. Considerando que tanto los republicanos como los demócratas han criticado el cortoplacismo, es posible que algunas de esas políticas apunten a resolver esta cuestión. Pero es poco probable que marquen alguna diferencia.

No sólo se ha exagerado en demasía el problema del cortoplacismo, sino que las propuestas de políticas para resolverlo son profundamente deficientes. Consideremos la propuesta de la candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton -que fue respaldada por el vicepresidente Joe Biden-, de utilizar el impuesto sobre ganancias de capital para alentar a los accionistas a retener sus acciones por un período más prolongado.

La idea es que cuando los accionistas compren y vendan sus acciones de manera frenética, los ejecutivos de las empresas se sientan presionados para asegurar ganancias elevadas todos los trimestres, de manera que el precio por acción no caiga. La inversión, digamos, en investigación y desarrollo, a pesar de sus beneficios a largo plazo, puede inducir a los accionistas a vender, castigando a la compañía con un precio accionario en baja.

Hoy, la tasa más baja para las ganancias de capital existe para los beneficios que los accionistas obtienen cuando venden acciones retenidas por un año o más. Clinton y sus asesores esperan, en cambio, gravar las ganancias de capital a tasas habituales para aquellas acciones retenidas hasta un plazo de dos años, después de lo cual la tasa bajaría cuatro puntos porcentuales por año hasta alcanzar, después de varios años, la tasa de largo plazo actual, cuyo tope es del 20% para los inversores adinerados.