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Enfrentar las enfermedades crónicas

MONTREAL – Muchos de nosotros estamos aterrorizados ante la perspectiva de tener un derrame cerebral o un ataque cardíaco fatal. Pocos de nosotros, sin embargo, respondemos emocionalmente frente a la amenaza que plantean las enfermedades crónicas, un término vago y elástico que es principalmente útil para las organizaciones de servicios de salud. Y, sin embargo, la enfermedad crónica se ha convertido en un grave problema social que requiere una respuesta colectiva.

Históricamente, se denomina como enfermedad crónica a las dolencias que duran un largo período. Pero, debido a la creciente organización de la medicina en torno a enfermedades específicas, el término ha llegado a usarse para referirse a un conjunto abierto de dolencias, incluyendo enfermedades cardiovasculares, cáncer y diabetes, pero no a las enfermedades infecciosas, como ser la tuberculosis y la malaria, o a las enfermedades mentales.

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En el siglo XIX, la enfermedad crónica se consideraba problemática, en parte, porque los afectados hacían uso de las escasas camas en los hospitales que cada vez se centraban más en el tratamiento de enfermedades agudas y curables. Sin embargo, las enfermedades crónicas pronto se convirtieron en un problema de salud pública más amplio, a medida que la cifra de muertos por cáncer, enfermedades cardiovasculares y diabetes parecía elevarse. En los hechos, el aumento inicial en el número de muertes por estas enfermedades, muy probablemente, reflejó una mejor identificación y diagnóstico de las mismas. El llenado de los certificados de defunción no es una ciencia exacta, y los médicos se centran en causas con las que están familiarizados.

Con el tiempo, sin embargo, la incidencia de las enfermedades crónicas, casi con certeza, no aumentó en los países desarrollados. A medida que se controlan cada vez más las enfermedades infecciosas, más personas viven hasta llegar a la ancianidad, etapa en la que se tornan susceptibles a sufrir enfermedades de larga duración. Como resultado, las enfermedades crónicas se constituyen, en la actualidad, en una gran proporción del número de casos totales de los sistemas de atención de salud.

Nuestro interés colectivo por abordar el problema de las enfermedades crónicas no se basa sólo en las estadísticas epidemiológicas. También refleja, profundas preocupaciones de larga data sobre los efectos de la civilización: el hacinamiento urbano, los estilos de vida sedentarios, los hábitos poco saludables como ser el tabaco y el consumo de alcohol, la ingesta excesiva de alimentos, y el estrés. Por otra parte, hemos llegado a convencernos que la mayoría de las enfermedades, incluyendo los padecimientos que el pasado no se tenían esperanzas de solución, se pueden prevenir, curar, mejorar o controlar mediante la medicina científica, e incluso existe el convencimiento de que aquellos pacientes que tienen pocas probabilidades de beneficiarse tienen derecho a recibir atención médica.

Debido a que las enfermedades crónicas se convierten cada vez más en problemas sociales prevalentes, se las ha abordando de dos maneras. La respuesta más común es una respuesta específica a la enfermedad. La Sociedad Americana del Cáncer y la Asociación Americana del Corazón, así como los institutos de investigación dedicados a enfermedades específicas en los Institutos Nacionales de Salud, son ejemplos notables.

Un abordaje alternativo es tratar estas enfermedades como un problema único e integral. El primer ejemplo se produjo en los Estados Unidos, donde un enfoque sobre las medidas de bienestar y seguro de salud para las poblaciones vulnerables – los ancianos, los discapacitados y los muy pobres – condujo hacia a un fuerte impulso para hacer frente a las enfermedades crónicas diseminadas entre las poblaciones mencionadas. Los países europeos, preocupados por sus sistemas nacionales de atención de salud que abordan las necesidades de toda la población, tardaron más para avanzar hacia estrategias integrales.

Ambos enfoques han dado lugar a nuevas formas de vigilancia epidemiológica. Desde la década de 1950, por ejemplo, el campo se amplió a los factores de riesgo, un concepto que surgió de los debates sobre los efectos nocivos del tabaco y los estudios de las enfermedades cardiovasculares con múltiples posibles causas. Algunos factores de riesgo – hipertensión moderada y  niveles altos de colesterol, por ejemplo – se han convertido por sí solos en enfermedades crónicas, que requieren tratamiento médico (y a veces cirugías) y que contribuyen aún más a la escalada de las tasas de enfermedad.

Una nueva visión de la atención de salud, que ha surgido a partir del movimiento de atención de salud administrada de Estados Unidos, recientemente incrementó la importancia de adoptar un enfoque integral para el tratamiento de estos padecimientos. Originalmente, dicha enfoque tenía la intención de reducir costos, ahora su objetivo es proporcionar una atención más adecuada para una nueva era, teniéndose la premisa de que la atención a largo plazo para muchas enfermedades requiere de formas de organización médica que son distintas a las orientadas a la atención de enfermedades agudas. Los episodios agudos y las hospitalizaciones costosas pueden evitarse mediante el apoyo del equipo de expertos para el auto-cuidado del paciente.

La más exitosa y radical de estas iniciativas es el Modelo de Atención a Crónicos desarrollado por Edward Wagner, un médico estadounidense. El menos arrollador Modelo de Atención Médica dentro del Hogar, también desarrollado en los EE.UU., busca crear equipos de cuidadores para mejorar el acceso y la continuidad de la atención a los pacientes que sufren de múltiples enfermedades.

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Los masivos sistemas de atención de la salud no pueden cambiar de curso de manera fácil o rápida. No obstante, esfuerzos como estos, que se centran en la necesidad de proporcionar una atención adecuada y menos costosa para las enfermedades crónicas, se constituyen en un pequeño paso en la dirección correcta.

Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.