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Hacia una coordinación sobre regulación financiera transatlántica

WASHINGTON, DC – A medida que avanza el 2014, por todas partes parece haber señales de una relación regulatoria que se deshilacha entre la Unión Europea y Estados Unidos. Las nuevas regulaciones estrictas de la Reserva Federal de Estados Unidos para los bancos extranjeros han incitado a la Comisión Europea a amenazar con represalias. Todo el progreso realizado en materia de reconciliar las reglas de Estados Unidos y la UE sobre derivados -una de las principales causas de la crisis financiera- se ha desbaratado. Y los planes de la UE y el Reino Unido para proteger los depósitos bancarios van camino a diferenciarse cada vez más en forma y sustancia entre sí y con respecto a la recientemente aprobada regla Volcker en Estados Unidos.

Sin embargo, la lección que la mayoría de los observadores extraen de estas disputas de un perfil cada vez más alto -que, incluso con una regulación financiera, la política del poder se impone al bien común- es incompleta. Después de todo, las disparidades regulatorias no son sólo el producto de intereses nacionales divergentes; con qué grado de eficacia se ejerce y se practica la diplomacia también juega un papel importante.

Por ejemplo, un estudio reciente destacaba la imposibilidad por parte de los líderes del G-20 de definir una hoja de ruta coherente y realizable para implementar la agenda de reformas financieras anunciada después de la crisis de 2008. Durante gran parte de la década pasada, los jefes de Estado les han venido reclamando a los reguladores que enfrentasen las cuestiones importantes, como los estándares de capital, junto con otras cuestiones como los derivados de venta libre y las reformas de las calificaciones de crédito. Pero, durante este período, los funcionarios actuaron más o menos según su criterio y así los problemas se abordaron en base a ciclos económicos y políticos diferentes.

Las disparidades radicales entre la cultura de creación de reglas de Estados Unidos y de la UE no hacen más que exacerbar el problema. A diferencia de Estados Unidos, donde agencias independientes lideran el proceso de creación de reglas según dictados parlamentarios, los actores legislativos en Bruselas y Estrasburgo -la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo- son quienes establecen las agendas regulatorias y escriben las reglas. Y, aunque agencias de la UE como el Banco Central Europeo estén asumiendo un porcentaje cada vez mayor de responsabilidad regulatoria, las divergencias en los procedimientos de toma de decisiones siguen afectando el nivel y la naturaleza de la coordinación transatlántica.