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Crecimiento alimentado a chocolate

VIENA – Como africano, mi sueño para la próxima década es ver que el continente produzca y venda chocolate a 300 millones de chinos, en lugar de exportar materias primas como el cacao. Hace varias semanas, en el Simposio Chino-Africano en Xiamen, China, puse a prueba esta visión frente a la audiencia y los más de 2.000 delegados se sumaron en un aplauso resonante. Los líderes empresariales y gubernamentales evidentemente están dispuestos a que África introduzca un cambio estructural destinado a crear economías nacionales basadas en la industria.

Mientras muchos han promocionado a viva voz el logro de África de mantener una tasa de crecimiento promedio del PBI del 5-6% durante la década pasada, esto esconde la realidad de que, en 2005, el África subsahariana estaba escasamente mejor que un cuarto de siglo antes: seguía siendo la región más pobre del mundo y más de la mitad de su población vivía con menos de 1,25 dólares por día en términos de paridad de poder adquisitivo. Los países de la región están en una trotadora de pobreza: corren rápido sólo para quedarse en el mismo lugar.

Esto tiene que cambiar. La estrategia ortodoxa de crecimiento liderado por la agricultura de los años 1960, el antídoto favorito a cinco décadas de una doctrina de ayuda de "campesinos felices", tiene que ser reemplazada por una estrategia de desarrollo agroindustrial a través de la cual los responsables de las políticas, los donantes y los empresarios apunten a la cadena de valor en su totalidad para respaldar un cambio de productos a granel a productos fabricados agroindustrialmente y con valor agregado.

Hace varios años, James Wolfensohn, el difunto presidente del Banco Mundial, haciendo referencia a un nuevo orden internacional, describió un "mundo de cuatro velocidades": los países ricos, los países convergentes, los países en apuros y los países pobres. Los países convergentes están achicando la brecha con los países ricos de la OCDE; los países en dificultades no lograron progresar y salir de una condición de ingresos medios; y los países pobres -la mayoría de ellos en África- están sumidos en la extrema pobreza.