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El gran salto atrás de China

WASHINGTON, DC – Esta semana, los líderes del Partido Comunista de China (PCC) participan en Beijing de una sesión plenaria centrada en la promoción del Estado de derecho en China. Pero hace pocos días, en varios grupos de conversación en WeChat (una popular red social china) se habló de los arrestos de casi cincuenta activistas chinos que apoyaban las protestas en Hong Kong. Hubo también informes referidos a una prohibición oficial de publicar o vender libros de autores con posturas favorables a las protestas de Hong Kong, el activismo de derechos humanos o el Estado de derecho. Esto arroja serias dudas sobre la credibilidad del compromiso de modernización política declarado por el gobierno.

Entre los autores prohibidos está el economista Mao Yushi, ganador en 2012 del Premio Milton Friedman por la Libertad. No es la primera vez que se prohíben los libros de Mao. En 2003, su obra fue proscrita después de que firmó una petición dirigida al gobierno para que se exonerara de culpa a los estudiantes manifestantes cuyo movimiento prodemocracia llegó a su fin con la masacre de Tiananmen en 1989.

La censura en China no necesita ni siquiera de edictos públicos para funcionar, basta que un editor reciba una llamada telefónica “anónima” (que, se sobreentiende, procede de un organismo oficial) y ya está. He visto desaparecer sin explicación oficial un par de artículos de uno de mis libros, así como frases, oraciones e incluso párrafos enteros de mis columnas y comentarios en periódicos y revistas.

Otro autor que sufre el cerco de las autoridades por apoyar a los manifestantes de Hong Kong es el prestigioso Yu Ying-shih, de 84 años. Yu enseñó en algunas de las mejores universidades de Estados Unidos y ha sido un prolífico crítico del PCC por más de cinco décadas.