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China desatada

Sydney – La designación de cinco jefes provinciales del Partido Comunista Chino a principios de diciembre es un recordatorio de que el ascenso de la próxima generación de líderes chinos, que tomarán el poder en 2012, puede ser el evento más significativo de la política de China desde el inicio del reinado de Deng Xiaoping en 1978. La próxima generación de líderes será la primera con poco o ningún recuerdo personal de los trastornos y penurias sufridos durante la era de Mao Zedong. Olvidar esa historia podría condenar a China a repetir los errores del pasado, pero, para bien o para mal, también podría disminuir las restricciones y liberar a sus líderes.

Los cinco jefes designados nacieron después de la fundación de la República Popular en 1949. Dos de ellos, Hu Chunhua y Sun Zhengcai, tienen sólo 46 años. Esto es congruente con la política recientemente anunciada del Partido de que la próxima generación de líderes debería tener en promedio unos 55 años, con hasta cuatro de los puestos principales ocupados por líderes menores de los cincuenta años. El objetivo del Partido es garantizar la conservación de su energía y dinamismo a medida que China asciende.

Esa parece una decisión inteligente. El liderazgo chino de la última década y media ha buscado afinar y mantener el impulso del modelo de desarrollo dirigido por el Estado de Deng, que se emprendió después de las protestas de Tiananmen de 1989. En este respecto, la tercera y cuarta generación de líderes de China, bajo el control de los tecnócratas Jiang Zemin y Hu Jintao, han sido competentes pero poco imaginativas.

No obstante, la viabilidad del modelo de Deng está llegando a su fin y ahora China es adicta a la ineficiente inversión fija dirigida por el Estado y al insostenible crecimiento impulsado por las exportaciones, en lugar del consumo interno para generar empleos y crecimiento. El avance en la creación de más reformas estructurales –como la liberalización de la moneda y la cuenta de capital, así como el retiro del capital público a las empresas controladas por el Estado- ha sido lento y las nuevas iniciativas han sido poco sistemáticas en lugar de generales.