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El resurgimiento de la ruta de la seda de China

NUEVA DELHI – La frase “ruta de la seda” evoca una imagen romántica –mitad real, mitad mito– de caravanas de camellos avanzando a través de los desiertos y montañas sin caminos de Asia Central. Sin embargo, la ruta de la seda no solo es parte de un pasado fabuloso; también es una característica importante de la actual política exterior de China.

La histórica ruta de la seda comprendía una ruta marítima y una terrestre, que facilitaban el tránsito de bienes e ideas desde Asia oriental y central hacia Europa, ya se tratara de té chino o invenciones como el papel, la pólvora y la brújula o productos culturales como la música india y las escrituras budistas. De igual manera, la ruta de la seda –principalmente la ruta terrestre, que también atravesaba el mundo árabe hacia Europa– ofreció a China acceso a la astronomía, plantas y medicinas de hierbas indias, e introdujo la fe budista y la islámica.

Gracias al almirante chino Zheng He, que navegó con su flota en el Océano Índico siete veces, a principios del siglo XV, el wok chino se convirtió en el utensilio favorito para cocinar de las mujeres en Kerala, estado del sudoeste de India. Las redes de pesca chinas siguen utilizándose en las aguas de las costas de Kochi.

En 1411, Zheng erigió una lápida –traducida al chino, persa y tamil– cerca de Galle, ciudad costera de Sri Lanka, con una inscripción que invocaba a los dioses hindúes para que bendijeran sus esfuerzos por construir un mundo pacífico basado en el comercio. Seiscientos años después, el presidente chino, Xi Jinping, está persiguiendo un objetivo similar –solo que él está exhortando a dirigentes políticos de Europa y Asia para avanzar su causa.