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El juicio mediático del siglo en China

LONDRES – El juicio, condena y sentencia de muerte suspendida de Gu Kailai, la esposa de depuesto líder chino Bo Xilai, ha puesto en duda no sólo el sistema legal de China, sino también la propia unidad de la alta dirección del Partido Comunista.

Comencemos con las muchas preguntas planteadas en el juicio. Para empezar, Gu dijo que ella mató al empresario británico Neil Heywood con el sólo propósito de proteger a su hijo. Pero, dado el poder de Gu como esposa de Bo, ella podría haber encarcelado o expulsado de China a alguien como Heywood con un chasquido de sus dedos. No se necesitaba cianuro.

Aun así, no sólo admitió su culpa, sino que parecía abrazar dicha culpa como una especie de necesidad histórica. “Con el fin de defender la santidad de la ley”, dijo a la corte: “Yo estoy dispuesta a aceptar y calmadamente enfrentar cualquier sentencia que se me imponga, y también espero un juicio justo y equitativo”. Desde los juicios mediáticos de Stalin en la década de 1930, no se había visto que un acusado elogie tan efusivamente a un juez quien parecía estar obligado a condenarla en un juicio donde no se presentó ningún testigo o evidencia en su contra.

La amarga ironía del juicio a alta velocidad de Gu es que ella creía verdaderamente en el sistema legal de China. En efecto, después de una victoria en un tribunal estadounidense, Gu, quien es abogada, escribió un libro en el que afirmaba que China ofrece “el método más justo de la prueba”. Y continuó diciendo: “Los abogados chinos no discuten por el significado de cada pequeña palabra. Una vez que están seguros de que una persona asesinó a alguien, se la arrestará, juzgará y un pelotón de fusilamiento la ejecutará”.