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El desafío postolímpico de China

NUEVA YORK – Casi todas las personas que vieron las Olimpiadas de 2008 en Beijing quedaron impresionadas por los preparativos que realizó China, su capacidad para organizar un evento tan complejo y la rica cosecha de medallas –particularmente de oro—que los atletas chinos ganaron.

Resultó muy claro durante los preparativos de los Juegos que para los chinos era muy importante dar una impresión favorable. Esto resultó evidente cuando se atacó la reputación de China y el estatus de los Juegos durante las manifestaciones tibetanas y las protestas contra la antorcha olímpica mientras realizaba su difícil camino por el mundo.

Pero cuando todo terminó, mediante lo que frecuentemente fueron controles draconianos, China había logrado algo impresionante. En efecto, es difícil pensar que a los ingleses les importará tanto o que harán tantos esfuerzos para las Olimpiadas de Londres en 2012.

Durante muchos años, sobre todo desde la masacre de la Plaza Tiananmen de 1989, China ha sentido un déficit de respeto global. Este sentimiento ha molestado mucho a sus líderes y ha dado a su pueblo la sensación de que, a pesar de todos sus avances económicos, no sólo no alcanzan el lugar que merecen en el mundo, sino que el "mundo desarrollado" se los niega con sus críticas infinitas.