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China está perdiendo la batalla contra la corrupción

Los gobernantes de China rara vez lavan la ropa sucia en público, por lo que el arresto del miembro del Politburó y jefe del Partido Comunista de Shanghai, Chen Liangyu, bajo acusaciones de corrupción ha remecido al país. Algunos especulan que en realidad se trata de parte de una lucha de poder en que el Presidente Hu Jingtao está demostrando su autoridad contra un personaje influyente que había puesto obstáculos a la política nacional.

Sea cual sea la verdad tras su caída, y a pesar de las crecientes investigaciones a otros altos funcionarios de gobierno, la información y la evidencia divulgadas recientemente por el gobierno y las instituciones multilaterales sugieren que las autoridades están luchando una difícil batalla contra una ola de corrupción que va en aumento.

Piénsese en las sombrías estadísticas publicadas por la Procuradoría Popular Suprema (PPS). En promedio, se investigó a más de 42.000 funcionarios de gobierno por corrupción entre 2002 y 2005, y más de 30.000 al año enfrentan cargos criminales.

Estas abismales cifras no incluyen delitos económicos perpetrados fuera del sector público. Por ejemplo, sólo en 2005, la Comisión Regulatoria Bancaria de China (CRBC) descubrió irregularidades relacionadas con mal uso de fondos por unos RMB767,1 mil millones ($93,7 mil millones). La CRBC emprendió 1.272 procesos criminales y aplicó medidas disciplinarias a 6.826 empleados bancarios, entre los cuales se cuentan 325 gerentes de alto nivel. Según Ye Feng, uno de los Directores Generales de la PPS, "casi todos los tipos de institución financiera han visto el surgimiento de casos criminales por el pedido de sobornos a cambio del otorgamiento de préstamos”.