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La inminente revolución de la OMC para China

China es ya un miembro activo de la comunidad económica y política mundial. Para muchos hay ya mayor riqueza y libertad personal, aunque otros ciudadanos chinos sufren por las complicaciones de la modernización. Es previsible que la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) acelere esas tendencias e incluso que precipite cambios políticos y legales fundamentales.

Aunque la inercia hacia adelante será más lenta de lo que muchos esperan, los cambios que demanda la membresía en la OMC serán profundos, ya que el futuro de China estará más determinado que nunca por factores que están más allá del control de Beijing. Más aún, la membresía en la Organización no sólo impedirá el regreso a los viejos hábitos, sino que también planteará preguntas fundamentales sobre la soberanía nacional, y debates intensos sobre el nivel de injerencia extanjera que China está dispuesta a tolerar.

El impacto rebasará la economía y afectará profundamente a la vida social y política. Aunque algunos analistas han planteado escenarios catastrofistas sobre el aumento del malestar generado por el desempleo y la desigualdad, los intelectuales liberales de China apoyan la membresía con la esperanza de un orden político más democrático y apegado a las leyes. En realidad, el ingreso impulsará tendencias que se pusieron en movimiento mucho antes de que China se uniera a la OMC. Se acelerará la muerte del viejo orden económico, mientras que la emergente empresa privada y otros sectores nuevos recibirán mayores privilegios.

En el ámbito social, el ingreso a la OMC aumentará la desigualdad y la reestructuración de la mano de obra con extemos de riqueza y probreza. En este proceso, la concentración de la Inversión Extranjera Directa (IED) en la zona costera también seguirá exacerbando las desigualdades regionales.