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La máscara feliz de China

BEIJING – el "rostro" de China puede ser su talón de Aquiles. Mientras goza de su nuevo estatus de superpotencia económica -el dragón que está dejando atrás a los tigres de Asia, así como a las mulas de Occidente-, se equivoca al restar importancia a sus propias y serias debilidades estructurales.

A las autoridades comunistas les cuesta mencionar, por no hablar de poner claramente sobre el tapete, los problemas del país. La preocupación oficial de obtener respeto y no perder reputación los hace centrarse casi exclusivamente en los logros de China. Se trata de una estrategia que puede resultar contraproducente, ya que equivoca su aproximación a la dinámica de la política internacional.

Enfatizar el meteórico ascenso de China significa menos comprensión en el resto del mundo acerca de la necesidad de sostener el rápido desarrollo económico de sus 1,3 mil millones de habitantes. El gobierno sabe que, en términos políticos, tiene agarrada la cola del tigre, pero se niega a reconocerlo ya sea en China o en el exterior.

Las tensiones comerciales continúan creciendo. Estados Unidos está muy preocupado, tras los mínimos resultados de su “diálogo económico estratégico” con China en mayo y el Congreso está amenazando con duras medidas proteccionistas. La Unión Europea puede no estar muy atrás; mucho dependerá de la manera como China presente su caso en los próximos 18 meses, mientras se desarrollen las negociaciones de un Acuerdo de Cooperación y Asociación de amplio alcance que determinará la calidad de las relaciones bilaterales a lo largo de la próxima década.