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La avalancha de protestas en China

Las protestas en China no son nada nuevo. Según algunas versiones, los funcionarios chinos abordan más de 50.000 “incidentes graves” al ańo. La corrupción generalizada ha creado un profundo descontento: los trabajadores protestan por estafas parecidas a la de Enron con sus ahorros de toda la vida, los habitantes de zonas urbanas luchan contra las confiscaciones ilegales de terrenos y los de zonas rurales contra injusticias –pequeńas y grandes- diarias.

Lo habitual es que esas protestas revistan carácter local y en general se resuelvan con una combinación de sobornos, detenciones y promesas de mejoras en el futuro. A veces el Gobierno de China adopta medidas contra funcionarios locales cuyos delitos son considerados mayúsculos. Sin embargo, mientras las protestas siguen siendo de carácter local, se puede abordarlas como casos aislados que no plantearán un desafío más amplio ni desencadenarán un movimiento encaminado a cambiar el sistema.

No obstante, puede estar acabándose la época en que el gobierno apagaba las protestas como si se tratara de incendios de maleza. A lo largo del pasado ańo y medio, las organizaciones no gubernamentales (ONG) medioambientales de China han organizado protestas que traspasan las fronteras provinciales, cuentan con la participación de chinos de todos los estratos sociales y el apoyo de medios de comunicación de China y abordan directamente la cuestión del fracaso en la gestión de los asuntos públicos a escala nacional.

El catalizador de esas protestas tan amplias es la propuesta construcción de centenares de embalses en toda la China occidental. La construcción de embalses en China nunca ha estado sometida a un debate público. Entretanto, los activistas medioambientales de China se han centrado en las cuestiones –“políticamente inocuas”- de la protección de la diversidad biológica, el reciclado y la educación medioambiental.