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La revolución de la conectividad en China

NEW HAVEN – China, que durante mucho tiempo fue la nación más fragmentada de la Tierra, está resultando unida como nunca por una nueva conectividad. Su comunidad de Internet está desarrollándose aceleradamente, lo que tiene profundas repercusiones para la economía china, por no hablar de las normas sociales y el sistema político del país. Ese genio ya no se puede meter otra vez en la botella. Una vez que ha habido la conexión, ya no se puede volver atrás.

El ritmo de la transformación es impresionante. Según Internet World Stats, el número de usuarios de Internet en China se ha más que triplicado desde 2006, al llegar a ser nada menos que 485 millones a mediados de 2011: más de tres veces lo que era en 2006. Además, la carrera a la conectividad no ha acabado ni mucho menos. A mediados de 2011, sólo el 36 por ciento de sus 1.300 millones de habitantes estaban conectados: muy por debajo del 80 por ciento, aproximadamente, que se daba en Corea del Sur, el Japón y los Estados Unidos.

De hecho, con la pronunciada reducción del costo de la conectividad –se espera que el número de usuarios de teléfonos móviles de China supere al de usuarios de computadoras personales en 2013– y con el también marcado aumento de la urbanización y la renta por habitante, hay razones para esperar que en 2015 la tasa de penetración de Internet en China supere el umbral del 50 por ciento. Sería el equivalente funcional de añadir las tres cuartas partes de todos los usuarios de Internet existentes en los EE.UU.

Además, los chinos no son unos usuarios ocasionales e infrecuentes. En consonancia con lo que el teórico de las redes sociales Clay Shirky ha llamado la inclinación de una sociedad por desbloquear el “excedente cognoscitivo” inherente a las actividades basadas en las redes, los datos de las encuestas del Centro de Información sobre las Redes de Internet en China indican que los usuarios muy activos de Internet están conectados, por término medio, 2,6 horas al día: toda una hora más que el tiempo que pasan, por término medio, los ciudadanos chinos de edades comprendidas entre los 15 y los 49 años mirando la televisión.