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La alternativa de China en Corea del Norte

TOKIO – Si el momento más peligroso para una dictadura es cuando empieza a hacer reformas, Corea del Norte parece haber puesto boca bajo ese truismo. Su reciente ataque de artillería contra Corea del Sur indica que la debilitada dinastía Kim podría preferir prender fuego a Asia a emprender una reforma seria. Si la paz es de verdad el componente fundamental del ascenso de China, los chinos deben frenar a su voluble acólito.

Intentar entender el “Reino Eremita” puede ser como mirar fijamente a un agujero negro. Algunos consideran el bombardeo contra la isla de Yeonpyeong de Corea del Sur un intento de desviar la atención de los norcoreanos del desplome de la economía de su país o tal vez de la muerte próxima de su “Querido Dirigente”, Kim Jong-il, o de crear una reputación sintética como dirigente militar al hijo de Kim, el “Joven General” de 27 años (más o menos) Kim Jong-un. Otros consideran que el ataque es simplemente otra provocación de una larga serie de ellas, por lo que no se debe tomarlo tan en serio.

Hwang Jang-yop, ex ideólogo principal de Corea del Norte y su más importante desertor refugiado en el Sur, describe Corea del Norte como una mezcla de ”socialismo, feudalismo moderno y militarismo”. Ha resultado ser una combinación letal. Se calcula que en el último decenio un millón y medio, aproximadamente, de los 23 millones de habitantes de Corea del Note han muerto de hambre. El hambre sigue siendo generalizado, aunque no tan intensa como hace dos años. La ración diaria habitual representa entre 150 y 300 gramos de maíz o arroz (equivalente a unas cuatro rebanadas, aproximadamente, de pan seco), según la localidad. En las zonas rurales se carece de alimentos con frecuencia.

Por encima de la economía de hambre de Corea del Norte está asentado un culto a la personalidad que deja pequeños a los de Stalin o Mao. Imágenes omnipresentes de Kim Jong-il y su padre, Kim Il-sung, son los símbolos oficiales de una teocracia secular basada en la concepción juche, la contribución de los Kim al patrimonio mundial de ideologías totalitarias. Como en el caso de la Iglesia o del derecho divino de los reyes, no se puede poner en tela de juicio el sistema sin socavar la infalibilidad de sus dirigentes perfectos.