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La crisis del sida en China

No es frecuente que un médico extranjero visite las zonas rurales de China, donde la epidemia de sida nació en ese país y se cobra un horrible precio en víctimas. Pero recientemente dos enfermeras y yo nos aventuramos a entrar en una zona agrícola pobre, Nizui, en la provincia de Hubei, como parte del equipo de Médecins Sans Frontières (MSF), para visitar a la familia Liu y reconocer a su niño de siete meses de edad. Éste tenía el tamaño de un niño de dos meses, pero en sus ojos había la mirada de un hombre de ochenta años de edad familiarizado desde hace mucho con un sufrimiento extremo. El niño estaba muriendo de sida y sus padres, tías y tíos eran también seropositivos.

La familia Liu es una de los millares de familias campesinas pobres del interior de China que contrajeron el VIH mediante donaciones de sangre contaminadas durante el decenio de 1990, cuando empresas lucrativas de bancos de sangre no suficientemente reglamentadas reutilizaban las agujas y transmitían sangre de donantes infectados a donantes sanos después de extraer el plasma.

Recientemente, el Ministerio de Salud chino cifró el número total de casos de VIH/SIDA en 840.000, si bien la mayoría de los expertos están convencidos de que la cifra verdadera es muy superior. Algunos creen que en 2010 el número de chinos infectados puede ascender a 10 millones.

Después de años de adoptar una actitud pasiva ante la epidemia y darle poca publicidad, los funcionarios sanitarios han intensificado su campaña antisida. Como el 80 por ciento de los pacientes de VIH/SIDA residen en las zonas rurales, un mayor acceso a la atención de salud en esas zonas ha pasado a ser una prioridad. El pasado mes de julio, durante la tan publicitada 15ª Conferencia Internacional sobre el Sida, celebrada en Bangkok, el Primer Ministro Wen Jiabao declaró la guerra total contra la pujante epidemia. Este año, el Gobierno prometió que se examinarían los productos de la sangre para eliminar los contaminados y que los análisis voluntarios sobre el VIH y la medicina para los pobres serían gratuitos.