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La abortada apertura china

La agencia de noticias estatal de China Xinhua informó recientemente acerca de una investigación sobre una serie de esterilizaciones y abortos forzosos en el pueblo de Linyi, en la provincia de Shandong. La celeridad de la investigación –que, según dicen, comenzó días después del rapto de Chen Guangchen, activista ciego que había salido públicamente en defensa de las víctimas– y la franqueza del informe dieron la impresión de una mayor receptividad del Gobierno y una mayor audacia por parte de los medios oficiales de comunicación. ¿Es acertada esa impresión?

Lo sucedido en Linyi es el tipo de noticia que los funcionarios encargados de la propaganda suelen enterrar en los archivos secretos del Partido Comunista. Según las informaciones, las autoridades locales de Linyi, para no sobrepasar las cuotas de nacimientos impuestas por la política de “un solo hijo” en China, obligaron a varias mujeres a someterse a abortos y esterilizaron a la fuerza a muchos matrimonios con más de un hijo. Los habitantes del pueblo que se ocultaron para eludir esa campaña padecieron, al parecer, el encarcelamiento de familiares suyos. Algunos en Linyi alegaron tratos degradantes, torturas y extorsiones.

¿Por qué se ha investigado ese escándalo y se ha informado sobre él? La mejor interpretación de las informaciones de la agencia Xinhua es la de que van encaminadas a controlar los daños.

China está intentando conseguir financiación de las Naciones Unidas para mejorar la salud reproductiva, operación que ha resultado retrasada por las informaciones sobre los abortos forzosos. Las autoridades centrales no investigaron los malos tratos en Linyi hasta que la noticia del acoso a Chen Guangcheng –y su secuestro con ayuda de la policía de Beijing– llegó a los medios internacionales de comunicación.