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El matrimonio entre China y Rusia

LONDRES – Los chinos, entre todos los pueblos, son los que tienen la mentalidad más histórica. En su conquista del poder, Mao Zedong usó tácticas militares derivadas de aquellas de Sun Tzu, quien vivió alrededor del año 500 a. de C.; El confucianismo, que data de alrededor de la misma época, se mantiene en el corazón del pensamiento social de China, a pesar de que Mao llevó a cabo implacables intentos por suprimirlo.

Así que cuando el presidente Xi Jinping lanzó su iniciativa llamada la “Nueva Ruta de la Seda” en el año 2013, nadie debería haberse sorprendido por la referencia histórica. La Comisión Estatal de Desarrollo y Reforma de China explica la iniciativa de esta manera: “Hace más de dos milenios,  los diligentes y valientes pobladores de Eurasia exploraron y abrieron varias vías de intercambio comercial y cultural que vincularon a las principales civilizaciones de Asia, Europa y África; las generaciones posteriores denominaron colectivamente a dichas vías como la Ruta de la Seda”. En China, a menudo se recurre a antecedentes históricos para que coadyuven a una nueva doctrina.

La nueva doctrina es la “multipolaridad” – la noción de que el mundo está (o debería estar) compuesto por varios polos de atracción que tengan sus propias características. Esta doctrina se contrasta con la de un mundo “unipolar” (es decir, un mundo dominado ya sea por Estados Unidos o el Occidente).

La multipolaridad es un concepto político, pero conceptualiza algo más que las relaciones de poder. Rechaza la noción de que exista solamente un tipo de civilización ideal al que todos los países deben ajustarse. Las diferentes regiones del mundo tienen diferentes historias, que han dado sus pueblos diferentes ideas acerca de cómo vivir, gobernarse a sí mismos y ganarse el sustento para la vida. Todas las historias son dignas de respeto: no existe un camino “correcto” hacia el futuro.