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La evolución de la responsabilidad social empresarial en la China

GLASGOW/SINGAPUR – Durante la última década, las empresas chinas han realizado avances considerables en la incorporación de los objetivos ambientales, sociales y de buen gobierno (objetivos ESG) en su toma de decisiones. Sin embargo, aún les queda un largo camino por recorrer, y no podrán llegar solos a donde quieren llegar.

La idea de responsabilidad social empresarial (RSE) es relativamente nueva en China. Entre el público en general de la China, la RSE comenzó a ganar fuerza en el año 2008, después que un terremoto de magnitud 8,0 golpeara la provincia china de Sichuan, matando a 69.181 personas, hiriendo a 374.171 más y dejando a 18.498 personas desaparecidas. El terremoto destruyó más de 15 millones de viviendas, dejando a diez millones de personas sin techo. El daño total se estimó en 150 mil millones de dólares.

Después del llamado gran terremoto de Sichuan, el público en general de la China exigió que las empresas contribuyeran a la recuperación. Las empresas respondieron, ofreciendo 1,5 mil millones de dólares en apoyo, sentando así un nuevo precedente para la RSE filantrópica en China.

Cuando en el año 2013 Sichuan sufrió otro terremoto grave, aunque menos devastador, las principales multinacionales se apresuraron a ofrecer apoyo. La contribución de CN¥60 millones (8,5 millones de dólares) de Samsung y la de CN¥50 millones (7 millones de dólares) de Apple confirmaron que la responsabilidad social se había convertido en una parte integral de la forma de conducir los negocios.

A medida que florezca la nueva clase media de China, las demandas de RSE solamente se acrecentarán. Muy conscientes de las normas y avances mundiales, los chinos de clase media esperan productos más seguros, mejores servicios y un medioambiente más saludable. Ya no están dispuestos a tolerar empresas que priorizan las ganancias, colocándolas por encima del bienestar humano y ambiental.

Pero, por poderosa que sea la presión pública, no sustituye a las regulaciones. En el año 2006, se revisó la ley china sobre sociedades para incluir el concepto de RSE, y las bolsas de valores de Shanghái y Shenzhen emitieron pautas para divulgar el desempeño de las empresas con respecto a la RSE. Más recientemente, el gobierno de China introdujo castigos más severos para las empresas que no cumplen con los estándares ambientales, sociales y de buen gobierno (ESG), incluidas multas significativamente más onerosas y penas de cárcel para altos funcionarios.

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Las reglas externas también han ayudado. Por ejemplo, en el año 2003, la Unión Europea adoptó nuevos requisitos reglamentarios sobre los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos y la reducción de la utilización de sustancias peligrosas, requisitos que se aplican a toda la cadena de suministro de cualquier empresa que opere en los países de la UE o exporte a ellos.

Además, en el año 2016, la Bolsa de Valores de Hong Kong (HKSE) hizo que la presentación de informes ESG fuera obligatoria para las empresas que cotizan en bolsa. Posteriormente en el año 2018, la HKSE dio seguimiento a dicha medida al introducir requisitos más estrictos respecto a la divulgación de información.

Estas medidas han tenido un poderoso efecto. Desde el año 1991 al 2005, las empresas chinas emitieron sólo 22 informes de RSE. En el período 2006-2009, el total aumentó a casi 1.600. En el 2018, esa cantidad se igualó en tan sólo diez meses: de enero a octubre, las compañías emitieron 1.676 informes de RSE: un aumento interanual del 8,5%.

Las empresas estatales o controladas por el Estado, que tienen más posibilidades de incorporar en sus modelos empresariales las prioridades gubernamentales – desde el alivio de la pobreza hasta el control de la contaminación– son las que emiten la mayoría de los informes de RSE. Las prioridades del gobierno también se reflejan en las formas en que las empresas implementan la RSE: por ejemplo, en el año 2004, cuando la administración forestal estatal de China lanzó su programa “Ciudad Forestal Nacional”, muchas empresas centraron sus esfuerzos de RSE en la plantación de árboles.

Pero el historial sobre objetivos ambientales, sociales y de buen gobierno (ESG) de las empresas chinas continúa siendo mixto, en el mejor de los casos. Por ejemplo, la calidad de los informes de RSE varía ampliamente, al igual que sus porcentajes de publicación de informes. Y, de hecho, a medida que aumenta el número de informes de RSE, la proporción de los informes que puede considerarse como de buena calidad ha disminuido.

Esto no debería sorprender, ya que la presentación de informes de RSE sigue siendo no obligatoria, y no existen sanciones por no revelar información ESG, y mucho menos por emitir informes de baja calidad. Las empresas que cotizan en la HKSE generalmente ofrecen informes de sostenibilidad de mucha mayor calidad que sus homólogos que cotizan en las bolsas de Shanghái y Shenzhen.

Los gobiernos locales socavan aún más los objetivos ambientales, sociales y de buen gobierno (ESG) de China. A pesar de la declaración del año 2012 del presidente chino, Xi Jinping, quien dijo que China ya no debería ir tras el logro de un crecimiento económico que no tome en cuenta sus consecuencias sociales y ambientales, los gobiernos locales se han mantenido centrados en el PIB. (Al fin y al cabo, un sólido historial de crecimiento puede conducir a promociones para los funcionarios del Partido Comunista). Según el ex viceministro de Medio Ambiente de China, Pan Yue, muchos gobiernos provinciales han protegido abiertamente, e incluso apoyado activamente, a sus principales contaminadores empresariales.

La buena noticia es que esto parece estar cambiando, ya que el gobierno central mantiene, y de hecho profundiza, su compromiso relativo a garantizar que las empresas incorporen los objetivos de ESG en sus operaciones. El próximo año, las nuevas regulaciones harán que la divulgación de ESG sea obligatoria para 3.000 empresas chinas que cotizan en bolsa y para los emisores de bonos.

En la última década, el panorama de la responsabilidad social empresarial (RSE) en China ha cambiado casi tanto como las siluetas que se dibujan en sus horizontes urbanos. Pero, durante los próximos diez años se debería tener un progreso aún más rápido. El pueblo de China y sus líderes ya no están dispuestos a permitir que las empresas eludan sus responsabilidades sociales y ambientales.

Traducción del inglés al español: Rocío L. Barrientos.

https://prosyn.org/kOJvBKGes;