12

El factor Dalai Lama en las relaciones sino-indias

NUEVA DELHI – Las relaciones entre la India y China no han sido particularmente cálidas en los últimos meses. Pero recientemente han entrado en una fase gélida en la que los líderes chinos están furiosos por la visita del Dalai Lama al estado de Arunachal Pradesh, en el nordeste de la India -estado que China reclama como propio-. El 8 de abril, en medio de fuertes protestas por parte del gobierno de China, el Dalai Lama habló ante devotos provenientes de todas partes en el monasterio histórico en la ciudad fronteriza de Tawang, donde nació el sexto Dalai Lama hace más de tres siglos.

La India y China ven al Dalai Lama y a Arunachal Pradesh de manera muy diferente. Desde la perspectiva de la India, el Dalai Lama es el líder espiritual de la comunidad budista tibetana y, por ende, tiene el derecho de hablarles a sus seguidores en el gran monasterio budista tibetano en Tawang. Y, como Arunachal Pradesh es un estado de la unión india, lo que sucede allí es exclusivamente decisión de la India.

Sin embargo, en la visión de China, Arunachal Pradesh no es, en verdad, de la India. Es cierto que pertenece oficialmente a la India, pero sólo por la línea McMahon, una frontera trazada por los imperialistas británicos en 1911, que China ya no acepta (aunque China fijó en efecto su frontera con Myanmar guiándose por la misma línea). El gobierno chino se refiere a Arunachal Pradesh como Tíbet del sur.

En cualquier caso, sostiene China, el Dalai Lama no es un líder espiritual sino político. Y, considerando su respaldo a la autonomía tibetana (los funcionarios chinos lo acusan con rabia de "separatista"), su visita a una zona fronteriza sensible es considerada como una provocación deliberada.

Según el portavoz de China, permitir que el Dalai Lama visite Arunachal Pradesh podría dañar las relaciones bilaterales y la India "enfrentaría las consecuencias". China también ha convocado al embajador indio Vijay Gokhale para presentar una protesta formal.

La India, por su parte, ha adoptado una actitud conciliatoria. El Ministerio de Asuntos Exteriores primero intentó calmar a China, al decir que "no debería atribuirse ningún color adicional a las actividades religiosas y espirituales del Dalai Lama". Y, frente a las condenas cada vez más desaforadas de China, el gobierno del primer ministro Narendra Modi reiteró su respeto por la política de "Una sola China", instando al gobierno de China a no generar "controversias artificiales".

Pero China todavía no se ha apaciguado. Por el contrario, cuando el Dalai Lama llegó a Arunachal Pradesh, los medios oficiales chinos declararon que China podría verse "obligada a tomar medidas duras". El Global Times, un tabloide en lengua inglesa publicado por el People's Daily, el portavoz del Partido Comunista chino, adoptó un tono particularmente beligerante. Refiriéndose al PIB de China, que es "varias veces superior al de la India", y sus capacidades militares, que "pueden llegar al Océano Índico" -para no mencionar su proximidad con la problemática Cachemira- preguntó "si China se involucra en un juego geopolítico con la India" ¿quién ganará? 

El mismo editorial de Global Times acentuaba que esta visita del Dalai Lama a Arunachal Pradesh era diferente de las seis anteriores -la última en 2009- porque era "recibido y acompañado" por el ministro del Interior de la India, Kiren Rijiju. La India no ve nada inusual en que Rijiju, un político de Arunachal, esté presente para una ocasión espiritual importante. En las democracias, los eventos púbicos de estas características que involucran a figuras religiosas populares son comunes, y los políticos muchas veces disfrutan de la atención que generan al asistir a ellos.

Pero China prefiere usar la asistencia de Rijiju como una prueba de que el evento es, en verdad, político, lo que sugiere que la India está utilizando la visita como "una herramienta diplomática para presionar a China". El punto fundamental, destacó Global Times, es que el Dalai Lama "es un símbolo sumamente politizado en la diplomacia de China", a tal punto que la actitud de un país hacia él afecta casi "toda la relación" con China.

Sin embargo, China con certeza debe admitir que, en los últimos años, no le ha dado al gobierno de la India demasiadas razones para que atienda a sus sensibilidades. Por cierto, ha respondido a los esfuerzos de acercamiento de Modi con una serie de insultos.

Por ejemplo, en 2014, Modi no sólo le dio la bienvenida al presidente chino, Xi Jinping, en su ciudad natal, Ahmedabad, en el día de su cumpleaños; en ese mismo viaje, también levantó las restricciones del gobierno anterior a las inversiones chinas en sectores sensibles de la economía india, como los puertos y las telecomunicaciones. Soldados chinos rápidamente cruzaron la frontera en disputa con la India en la región Ladakh en Jammu y Cachemira, llegando al extremo de armar carpas en suelo que la India considera su territorio soberano. 

Luego de esa mini-crisis se produjeron una serie de reveses políticos que reflejaron la poca consideración de China por las sensibilidades de la India en varias cuestiones. China se opuso al pedido de la India (fuertemente respaldado por Estados Unidos) de ser miembro del Grupo de Proveedores Nucleares. Bloqueó la solicitud de la India de incluir a Masood Azhar, jefe de Jaish-e-Mohammed (un grupo terrorista paquistaní) en una lista negra del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a pesar del respaldo de esa medida por parte de los otros 14 miembros del Consejo.

China también creó un "corredor económico entre China y Pakistán" a través de partes de Cachemira bajo control paquistaní. La propia China reconoce que el territorio está en disputa, pero aun así su gobierno ignoró por completo las objeciones de la India a la violación de su soberanía.

En este contexto, la expectativa por parte de China de que la India respete su sensibilidad es un poco ambiciosa. Sin embargo, la actitud arrogante de China no es nueva. Por cierto, su reacción a la visita del Dalai Lama a Arunachal Pradesh es coherente con su comportamiento en el Mar de la China, donde China insiste en que la soberanía se debería decidir según su "línea de nueve guiones".

China espera que otros países se solidaricen con su demanda, como lo hizo Filipinas en el gobierno del presidente Rodrigo Duterte. China también ha manifestado voluntad de ejercer más presión sobre los que no, como es el caso de Japón y Vietnam.

Pero la India es un poco más grande que los otros vecinos regionales de China, y está hecha de una fibra más adusta. En lugar de escalar aún más el conflicto por la visita del Dalai Lama, los líderes de China deberían dejar que las pasiones se calmen y relegar el episodio a las noticias de ayer. Si no lo hacen, y en cambio siguen adelante con sus amenazas, bien pueden descubrir que la India, también, tiene cartas para jugar.