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China en el ojo del observador

CLAREMONT – Una de las más claras peculiaridades –aunque pasada por alto– de la China actual es la de cómo divergen las impresiones sobre sus dirigentes, según cuál sea el observador. A ojos del público chino, los funcionarios estatales son corruptos e incompetentes y sólo están interesados exclusivamente en lograr nombramientos lucrativos, pero los ejecutivos occidentales califican invariablemente a los funcionarios chinos de inteligentes, resueltos, expertos y con amplitud de miras: más o menos los mismos adjetivos que utilizaban en otro tiempo para calificar a Bo Xilai, el jefe del Partido comunista de Chongqing antes de que cayera en desgracia.

Resulta imposible conciliar esas opiniones. O bien es imposible agradar al público chino o bien los ejecutivos occidentales están totalmente equivocados, pero, en vista de que la experiencia diaria sitúa a los ciudadanos chinos en una posición infinitamente mejor que la de los ejecutivos occidentales para evaluar a los funcionarios chinos y su conducta, habría que concluir que están en lo cierto casi con toda seguridad y eso significa que los occidentales que han pasado bastante tiempo en el país y se consideran veteranos “conocedores de China” deberían preguntarse por qué se han equivocado tanto.

Una explicación evidente es la de que los funcionarios chinos son extraordinariamente hábiles para seducir a los hombres de negocios occidentales con gestos amistosos y promesas generosas. Los mismos funcionarios que tratan despóticamente a los chinos comunes y corrientes dan pruebas de un encanto irresistible para con los inversores occidentales.

Otra ventaja para los ejecutivos occidentales es la de que muchos funcionarios chinos tienen una formación técnica, a diferencia de sus homólogos occidentales, la mayoría de los cuales son abogados. Para los hombres de negocios, los técnicos tienen capacidad para resolver los problemas prácticos, mientras que los abogados  están obsesionados con las complejidades de los procedimientos y centrados en aprovechar los resquicios legales. Además, la mayoría de los funcionarios chinos ha aprendido la jerga empresarial occidental y pueden hablar de forma inteligente sobre los problemas que las empresas necesitan resolver.