neier61_Photo by Anthony KwanGetty Images_coronaviruschinadoctorvigil Anthony Kwan/Getty Images

El gran salto chino hacia dentro de la epidemia

NUEVA YORK – Antes de que el mundo tome conocimiento del surgimiento del nuevo coronavirus, que hoy en día provoca pánico mundial, Li Wenliang, un oftalmólogo con residencia en Wuhan, notó algo extraño en algunos pacientes, notó que aparentemente dichos pacientes habían contraído un virus desconocido, que se asemejaba al síndrome respiratorio agudo severo (SRAS), el cual coartó a China tiempo atrás, hace casi una generación. Unos días más tarde, después de que Li enviara un mensaje de advertencia a varios médicos en un chat grupal, este médico de 34 años fue convocado por la policía, institución que le obligó a firmar una carta confesando que “había realizado comentarios falsos” que habían “perturbado el orden social”. El ahora ya ha fallecido Li cayó víctima del propio virus – hoy denominado como COVID-19 – acerca del cual él mismo fue quien dio la voz de alarma.

La muerte del Dr. Li – junto con nuevas revelaciones sobre los esfuerzos de China para silenciar a los denunciantes del COVID-19 – encendió la indignación mundial, y con razón. Si el gobierno chino hubiese estado más preocupado por proteger la salud pública que por suprimir información poco halagüeña, pudiese haber tenido la capacidad para evitar la propagación del virus. Hasta ahora, el COVID-19 ha infectado a más de 74.000 personas sólo en China, y se lamentan más de 2,000 muertes por esta causa.

Y, no obstante, esta no es la primera vez que la negación de la libertad de expresión se ha vinculado a una mortal emergencia de salud pública en China. Cuando comenzó la epidemia de SARS en el año 2002, las autoridades chinas inicialmente también intentaron encubrirla.

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