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El círculo vicioso del crecimiento chino

LONDRES – La mayoría de los economistas están preocupados por la economía china, y por diferentes motivos: falta de consumo y grandes superávit externos, exceso de capacidad industrial, deterioro del medio ambiente, intervenciones del gobierno (por ejemplo, control de capitales y represión financiera). Pero muchos no se dan cuenta de que sólo son síntomas de un único problema básico: las distorsiones del modelo de crecimiento de China.

Hasta cierto punto, el modelo es una creación política, resultado de una arraigada preferencia por la construcción y las manufacturas como motores principales del desarrollo económico. Predilección que trae reminiscencias del Gran Salto Adelante de los cincuenta, cuando la gente se puso a fundir chatarra para cumplir unas metas de producción de acero exageradamente optimistas y propiciar el sueño de Mao de una veloz industrialización.

Hoy, la propensión de China hacia la producción industrial se manifiesta en proyectos fabriles y de infraestructura a gran escala, alentados por subsidios públicos directos e indirectos. Como este enfoque estimula la inversión y genera recaudación impositiva para los gobiernos locales, tiene un impacto positivo más inmediato en el PIB que tratar de desarrollar el sector servicios.

Pero el modelo también tiene grandes costos. De hecho, la economía china está atrapada en un círculo vicioso sostenido por políticas distorsivas que aunque a primera vista no están relacionadas, son en realidad interdependientes e incluso simbióticas.