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La crisis de identidad de la economía china

BEIJING – A diferencia de Occidente (donde el expresidente de los Estados Unidos, George H. W. Bush, hacía bromas sobre la idea de visión estratégica), China se toma la estrategia económica muy en serio. Quedó bien claro en el reciente Foro de Desarrollo de China (FDC) en Beijing, un importante acontecimiento que desde 2000 se celebra todos los años inmediatamente después de la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular.

El FDC fue una idea del expremier Zhu Rongji (uno de los reformistas con más visión estratégica de la China moderna), y pronto se convirtió en una plataforma de alto nivel donde las autoridades chinas pueden interactuar con un elenco internacional de académicos, funcionarios extranjeros y dirigentes empresariales. En esencia, es una especie de prueba de fuego intelectual, que obliga a los líderes chinos a defender las nuevas propuestas de estrategias y políticas ante un panel implacable de expertos externos.

De un evento como este no siempre es fácil extraer una conclusión única, sobre todo porque el FDC (que en otros tiempos era una pequeña reunión íntima) se convirtió en un enorme despliegue al estilo de Davos, con unas 50 sesiones repartidas a lo largo de tres días. Tras haber asistido a 16 de las 17 reuniones (me perdí la primera), la impresión que me llevo es que el FDC 2016 fue especialmente rico en implicaciones estratégicas para los inmensos desafíos económicos a los que se enfrenta China. Pero hubo un tema obvio que brilló por su ausencia, el de la identidad básica del modelo económico chino: ¿modelo productor o de consumo?

Los 30 años de desarrollo espectacular de China (que mantuvo un 10% de crecimiento anual del PIB real entre 1980 y 2010) se debieron a la enorme capacidad productiva del país. Las manufacturas y la construcción dieron a China un impulso sin precedentes. En 1980, la suma de exportaciones e inversiones equivalía al 41% del PIB chino; en 2010 llegó al 75%. Lo que más creció fue la parte de las exportaciones, que se multiplicó casi por seis, de un 6% en 1980 hasta un máximo precrisis del 35% en 2007, conforme las nuevas capacidades e infraestructuras, la mano de obra barata y el ingreso a la Organización Mundial del Comercio hicieron de China la principal beneficiaria de la veloz globalización y del incremento del comercio internacional.