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Revisión para China

LONDRES – El pesimismo relacionado con China se ha tornado omnipresente en los últimos meses y el miedo a un «derrumbe chino» sacude a los mercados en todo el mundo desde principios de este año. Prácticamente todos, parece, están apostando contra ese país.

Ciertamente, hay muchos motivos para preocuparse. Su PIB se ha desacelerado bruscamente; los indicadores de endeudamiento corporativo nunca fueron tan elevados; su moneda se devalúa; los mercados bursátiles son excepcionalmente volátiles y el capital abandona el país a un ritmo alarmante. La cuestión es por qué ocurre esto y si las autoridades Chinas pueden solucionarlo antes de que sea demasiado tarde.

La visión popular —y oficial— es que China está en transición hacia una «nueva normalidad» de menor crecimiento de su PIB, basado en el consumo interno más que en las exportaciones. Como es habitual, se ha encontrado un conjunto de estudios económicos para justificar ese concepto. Pero esta interpretación, aunque conveniente, solo proporciona una falsa tranquilidad.

El problema de China no es que está «en transición», es que el sector estatal está ahorcando al sector privado. Tierras y capital baratos, junto con un tratamiento preferente para las empresas estatales, debilitan la competitividad de las empresas privadas, que enfrentan elevados costos de endeudamiento y a menudo deben recurrir a sus familiares y amigos para financiarse. La consecuencia es que muchas empresas privadas se han alejado de sus negocios centrales para especular en los mercados de acciones e inmobiliario.