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La grandiosa estrategia de Xi Jinping

SEÚL – China dedicó gran parte de 2014 a tratar de revivir un concepto que Japón proclamó hace siete décadas, cuando era una potencia imperial y buscaba imponer su voluntad en la región: «Asia, para los asiáticos». Pero tal vez ese esfuerzo no resulte tan mal para China como para Japón.

Las relaciones internacionales tienden a desestabilizarse frente a los cambios rápidos en la distribución del poder. La resistencia de las potencias establecidas a la exigencia de sus contrapartes en ascenso para lograr una mayor participación en la determinación de la agenda mundial alimenta tensiones y perturba el orden mundial existente.

Esto es precisamente lo que ha estado ocurriendo últimamente entre China y Estados Unidos, y constituye el impulso de la política china de «Asia, para los asiáticos». En noviembre pasado, China sacudió el orden regional declarando unilateralmente una zona de identificación para la defensa aérea (ZIDA) sobre una amplia franja del mar de China Oriental que incluye territorios en disputa –en particular, las islas Senkaku (conocidas en China como islas Diaoyu)– reclamados por China, Japón y Taiwán.

Esto dio lugar a una escalada de la postura ya tajante de China en la región: el presidente chino Xi Jinping envió rutinariamente buques de vigilancia marítima y para el cumplimiento de la ley de pesca a las aguas alrededor de las islas, estimulando protestas en Corea del Sur y Japón. EE. UU., acicateado por el enojo de sus aliados, despachó dos bombarderos B-51 a la ZIDA.