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Contrapesos de Poder en una Constitución de la UE

Hay un amplio consenso en cuanto a que la UE se beneficiaría de una mayor centralización de la seguridad interna y de algunos elementos de las políticas exterior y de defensa. Según el último eurobarómetro de 2001, 73% de los ciudadanos de la UE apoyan una política común para la defensa y la seguridad, y dos de cada tres europeos creen que la UE debería tener una política exterior común. Este gran apoyo para la centralización de tareas en ciertas áreas contrasta con el todavía tibio apoyo general brindado a la UE en conjunto: sólo 48% respaldan la membresía de su país en la UE.

¿Pero posee la UE las instituciones necesarias para hacer posibles esos siguientes pasos de la integración? Esta es una de las más difíciles pero relevantes preguntas que deben tratarse en marzo durante la convención que debatirá acerca de la constitución europea.

En cuanto a otras políticas, la integración de Europa ha significado mucho más que sólo coordinación de políticas. La transferencia de poder de los estados miembros de la UE siempre ha estado acompañada por la construcción de instituciones, adaptando la institución al área de la política específica en la que la integración era necesaria. Una característica notable de ese proceso de integración es que hasta ahora ha preservado importantes dimensiones de responsabilidad y control.

Pero es importante apreciar la forma particular en la que la responsabilidad para las decisiones de la UE ha sido preservada y cómo difiere de la responsabilidad política en una democracia representativa. En una democracia representativa las elecciones son el instrumento primario para mantener la confiabilidad de los políticos. Los ciudadanos delegan las decisiones a representantes (gobiernos, legisladores). Si los ciudadanos no están satisfechos con las decisiones que ellos toman, esa delegación no se renueva: la mayoría previa pierde las elecciones y es reemplazada por un nuevo gobierno o una nueva mayoría parlamentaria.