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El frente de Ruhaní

WASHINGTON, D.C. – El 17 de junio, en su primera conferencia de prensa como Presidente electo del Irán, Hasán Ruhaní, abrió pocas vías nuevas en las relaciones de la República Islámica con Occidente. Sobre la política nuclear, dijo que la “época de la suspensión ha[bía] concluido”: el Irán no aceptará la suspensión del enriquecimiento de uranio en negociaciones futuras, pero procurará mostrar más transparencia sobre sus actividades nucleares para crear confianza internacional. Además, el Irán acogería con beneplácito nuevas negociaciones con los Estados Unidos, si éstos dejaran de intentar inmiscuirse en los asuntos internos del Irán y abandonasen su “actitud intimidatoria”.

Ninguna de esas afirmaciones es nueva. ¿Quiere decir eso que el mundo no debe esperar un cambio apreciable en el comportamiento del Irán tras la victoria de Ruhaní?

La impresión general antes de las elecciones fue la de que el Dirigente Supremo del Irán, Ayatolá Alí Joseini Jamenei, apoyaba a Said Jalili o a Mohamad Baqer Qalibaf. En los últimos años, Jalili ha sido el principal representante iraní en las negociaciones internacionales sobre el programa nuclear del país, lo que lo convirtió en el blanco principal de las críticas de Ruhaní y otro candidato, Alí Akbar Velayati, asesor de Jamenei en materia de asuntos internacionales.

Según Ruhaní y Velayati, si bien el Irán ha aumentado en los últimos años el número de  centrifugadoras utilizadas en su programa nuclear, el costo ha sido un despliegue económicamente devastador de sanciones internacionales. Ruhaní prometió mantener los avances en el programa nuclear y al tiempo adoptar medidas diplomáticas más firmes y prudentes para prevenir la imposición de nuevas sanciones y preparar el terreno para el levantamiento de las existentes.